Skip to main content

Europa en transformación: liderazgo, empresa y futuro desde una mirada global

Javier Cabezudo, alumni de la Universidad de Deusto y General Counsel South Europe, Africa and LATAM de Siemens Gamesa y abogado de Fusiones y Adquisiciones en Siemens Energy, reflexiona sobre el papel de Europa en el nuevo escenario internacional, el impacto de la geopolítica en las empresas y los retos que marcarán el futuro europeo.

Europa atraviesa un momento decisivo. La guerra en Ucrania, la rivalidad entre Estados Unidos y China, la transición energética o la necesidad de reforzar la competitividad están redefiniendo el papel del continente en el mundo. Desde su experiencia en Siemens Energy y en un entorno profundamente internacional, Javier Cabezudo observa de cerca cómo estos cambios impactan en las empresas y en la economía global. En esta conversación comparte su visión sobre el futuro de Europa, los desafíos del tejido empresarial europeo y el valor de mantener una mirada abierta e internacional.

1. Javier, si tuvieras que resumir en una idea lo que te llevaste de tu etapa en la Universidad de Deusto y que todavía te acompaña hoy, ¿cuál sería?

En la época en la que yo estudié en la Universidad de Deusto (terminé Derecho Económico en el año 2001; hace 25 años), la formación por aquel entonces era eminentemente teórica pero aquellos profusos temarios nos aportaron profundidad en el conocimiento, y nos permitieron interiorizar y estructurar mentalmente la arquitectura de nuestro sistema jurídico y el origen histórico del mismo.

Esos cimientos, con el tiempo, nos han permitido desarrollar un pensamiento crítico y una capacidad de análisis que ha resultado esencial para poder ofrecer soluciones a la diversa casuística de situaciones complejas (y en muchas ocasiones multijurisdiccionales) que se nos presentan en el ejercicio diario de la profesión.

Las experiencias que nos iban relatando los profesores en sus distintas clases sobre el ejercicio de la profesión; defender la libertad de una persona en el ámbito penal, a un trabajador que ha sido despedido después de 30 años de servicio en su empresa o resolver un conflicto vital (emocional, afectivo y pecuniario) derivado de un divorcio, me permitieron visualizar la gran responsabilidad ética de la profesión de abogado y la gran dedicación que ésta iba a merecer en cualquier área de especialización por la que optara.

Esa responsabilidad ética del trabajo y la persona siempre en el centro, en definitiva, esa visión humanista del Derecho, se la debo a la Universidad de Deusto. No hemos de olvidar que el Derecho es, en esencia, el eje vertebrador de la convivencia entre personas y Estados por medio de sistemas articulados de derechos y obligaciones individuales y colectivos.

2. Tu carrera profesional se ha desarrollado en un entorno claramente internacional. Mirando atrás, ¿hubo algún momento o decisión que marcara ese salto hacia una trayectoria global?

Desde mis inicios, los primeros 9 años y medio ejercí la abogacía de los negocios en algunos de los principales Despachos nacionales de este país (en Bilbao y Madrid), así como en Londres, desarrollando desde mis comienzos una conciencia internacional, debido a la nacionalidad de los clientes y la naturaleza de las transacciones en las que participaba: clientes japoneses, americanos, neozelandeses… que desarrollaban operaciones en el ámbito internacional. No obstante, el gran salto a la realidad global se produjo cuando me incorporé a Siemens Gamesa hace ya 16 años.

En Siemens Gamesa he tenido la suerte de poder vivir y ser parte de la integración con Siemens Wind Power y en la integración posterior en el referente energético mundial: Siemens Energy, tercera empresa por capitalización bursátil en el índice Dax 40.

3. Trabajas en un sector estratégico y en contacto con equipos y contextos muy diversos. ¿Qué es lo que más te ha sorprendido o aprendido trabajando en entornos internacionales?

Me ha sorprendido, impactado y enorgullecido (en distintas experiencias profesionales), el altísimo nivel profesional de los abogados españoles, vascos incluidos (muchos de ellos de la Universidad de Deusto) en la abogacía internacional de los negocios, así como en las distintas ramas del Derecho: financiaciones, fiscalidad, mercado de valores, litigación y arbitrajes. En muchos viajes, ha resonado en mí la frase uno de nuestros bilbaínos más ilustres, Don Miguel de Unamuno: “El mundo entero es un Bilbao más grande”, como enseña de identidad, orgullo de pertenencia y proyección de lo local a lo global, refrendado por tantas y tantas operaciones y grandes actuaciones profesionales de nuestros abogados y profesionales locales en este mundo global.

Fruto de todas esas experiencias y profunda convicción personal, sueño con un País Vasco ambicioso, que crea en su gran potencial para atraer más inversión y convertirse en un hub europeo de innovación e industrialización sin precedentes. El talento humano a nivel directivo, técnico y de los servicios profesionales (fruto de las excelentes universidades existentes, con Deusto a la cabeza), así como un tejido industrial y la cultura empresarial arraigado aquí desde hace ya muchas décadas, así como las posibilidades que brinda el concierto económico, lo convierten en un lugar privilegiado. Toca mover ficha rápida en el diseño de esas estructuras que atraigan capital, inversión y talento internacional complementario y paz social que favorezca ese círculo virtuoso que pocas regiones en el mundo pueden tener tan al alcance de su mano.

4. Se habla mucho de una Europa en crisis, pero también de una Europa que sigue siendo un referente de estabilidad e influencia. Desde tu perspectiva, ¿cómo definirías el momento actual que vive Europa?

Apasionante. Estamos viviendo la mayor transformación de las últimas décadas y este cambio transformacional se va a producir además a un ritmo vertiginoso. Han confluido en un mismo momento histórico: 1) el cambio climático (con todos sus efectos en la electrificación de la combustión, vehículo eléctrico, soluciones de hidrógeno, biometano, energías renovables tradicionales: eólica y fotovoltaica, economía circular, reducción de emisiones en la industria), 2) la era de la Inteligencia Artificial y su impacto exponencial en la configuración de las organizaciones y de la sociedad, y 3) la necesidad de la autonomía energética de Europa, acrecentada por las recientes guerras (Ucrania e Irán), que han puesto de manifiesto la dependencia aún extrema de las energías fósiles: gas, petróleo y sus derivados.

Hasta fechas relativamente recientes, Europa ha asumido un papel bastante pasivo, pero la dimensión del reto ha hecho que el paradigma haya cambiado radicalmente y que la voluntad y ambición de transformación de Europa se haya mostrado de un modo decisivo en las últimas fechas.

El diagnóstico de Letta y Draghi en sus informes sobre Mercado Único y Competitividad Industrial es muy certero. La fragmentación de nuestro mercado único (con 27 regulaciones, a las que hay que añadir regulaciones autonómicas y locales) debilita el mercado único y hace que éste no funcione como un auténtico mercado único, frente a unos mercados únicos descomunales, como el chino y el americano. Europa requiere de un marco jurídico más predecible y estable para invertir, con una regulación más eficiente y sencilla, que integre mejor el mercado único y haga que éste actúe como un verdadero mercado único.

En un contexto europeo de menor crecimiento, menor productividad y cierto retraso tecnológico, es urgente el despliegue de una política industrial europea en sectores estratégicos como el energético, defensa y finanzas. La dirección está nítidamente marcada, una inversión masiva en transición verde, defensa y digitalización de la Unión Europea. Todos los recientes planes anunciados por la Unión Europea apuntan en la dirección correcta, si bien la velocidad del cambio determinará el éxito o fracaso de Europa como actor relevante en un mundo global que se mueve extremadamente rápido.

5. En un contexto marcado por la rivalidad entre Estados Unidos y China y por la guerra en Ucrania, ¿qué papel está jugando realmente Europa en el escenario internacional?

La Europa de la reducción sistemática de la jornada laboral, los derechos sociales imperecederos, ha empezado a despertar de su letargo y ensoñación. Europa compite con dos polos hegemónicos: 1) EEUU; con unas jornadas laborales más largas, una devoción por el trabajo como ascensor social y una productividad entre un 20% y 30% por hora más alta que la UE, y 2) China con un mercado laboral de aproximadamente 725 millones de ciudadanos, con unas jornadas laborales muy extensas, el trabajo como principio y fin, y unos costes laborales 2,5 veces inferiores a los de la UE.

Europa padece una crisis demográfica sin precedentes. En 2040 se prevé que la UE pierda entre 20 y 22 millones de habitantes y que no se compensarán con el efecto favorable de la inmigración. Europa representaba el 22% de la población mundial y 90 años más tarde, en 2040, sólo representará aproximadamente un 7,5% de la población mundial. El estado de bienestar no es imperecedero, con un envejecimiento de la población sin precedentes y sin reposición, la UE tiene que empezar a abordar temas dolorosos, como adultos, sin ilusionismo, y ya empezamos a ver ese baño de realidad en el incremento material en la defensa por parte de la UE o algunos de sus países insignia, que ya han anunciado la impopular y progresiva reducción de las pensiones y asistencia social para salvaguardar la propia sostenibilidad del sistema.

En este mercado tan competitivo y extremadamente exigente, Europa ha de hacerse las preguntas difíciles y saber en qué sectores puede competir realmente de forma sostenida en el medio plazo. Determinadas industrias europeas que se están viendo desbancadas por la hegemonía China en el ámbito de la electrificación móvil, o por EEUU en la reconfiguración que va a producir por la Inteligencia Artificial en muchos sectores, tienen que saber aprovechar su posición hegemónica y el potencial en determinados sectores como las energías renovables, la defensa, el sector farmacéutico, la alta velocidad o las infraestructuras.

En un mundo en el que la política comercial y la defensa se utilizan por nuestros competidores como elemento competitivo diferencial, la UE tiene que saber utilizar dichas herramientas a su servicio, tal y como lo hacen nuestros competidores. Se empieza a ver regulación sin complejos en dicha dirección.

6. En los últimos años estamos viendo un debate creciente sobre la necesidad de ganar escala en sectores estratégicos europeos. ¿Hasta qué punto crees que el tamaño empresarial será clave para que las compañías europeas puedan competir y sobrevivir en el nuevo escenario global?

Toda empresa que quiera competir en un mundo global de forma sostenida en el tiempo necesariamente ha de ganar dinero y crecer. Sólo creciendo podrá seguir siendo competitiva y ese crecimiento en muchas ocasiones requerirá de integraciones inorgánicas (adquisiciones), porque la velocidad en el crecimiento es un elemento determinante. La empresa que no crezca y escale sus costes, terminará no siendo competitiva y el desenlace será fatal, acabará en las rocas: concurso de acreedores con liquidación o, alternativamente, en las rocas con rescate; pre-pack concursal o adquisición de unidad productiva, para integrarse en un grupo mayor, mismo final pero menos traumático, y de ahí la necesidad de la dimensión.

En esta línea, la UE está preparando una nueva regulación que, siguiendo las indicaciones de Mario Draghi en su informe sobre competitividad, relajará las normas de competencia (sin descuidar los efectos en el mercado y precios) pero confiriendo un mayor peso a los efectos favorables que estos gigantes europeos con dimensión mundial puedan aportar desde un punto de vista de innovación, inversión y resiliencia. Diversos sectores, como el energético o el de las telecomunicaciones, requieren de gran dimensión para poder competir con los colosos chinos o estadounidenses. Es condición necesaria pero no suficiente, pero no hacerlo no es una opción.

7. Desde tu experiencia profesional, ¿cómo están afectando estos cambios geopolíticos a las empresas y especialmente al sector energético?

De forma decisiva. Las recientes guerras: Ucrania e Irán, han puesto de manifiesto la gran dependencia que tiene Europa del gas y petróleo exterior y el impacto brutal que cualquier estrangulamiento en dicha cadena de suministro produce en términos de competitividad industrial, abastecimiento energético, inflación y pérdida de poder adquisitivo del ciudadano europeo.

Esta circunstancia va a acelerar un fenómeno a nivel global, pero en el ámbito de la Unión Europea se traducirá en la aceleración de su independencia energética y configuración de un diseño de nuestra cadena de suministro resiliente ante shocks energéticos como el actual. Desde el punto de vista de las renovables, esto supone una nueva y magnífica oportunidad para su despliegue masivo (sector en el que ya ocupamos una posición prominente a nivel mundial), toda vez que las renovables han demostrado ser contribuidoras esenciales en la rebaja de la factura eléctrica y que, el viento y el sol, no pueden ser objeto de bloqueos en estrechos geográficos, ni verse afectadas por futuros conflictos geopolíticos.

Europa tiene que impulsar con celeridad el despliegue de renovables, acelerando los procedimientos administrativos de concesión de autorizaciones y licencias, estableciendo regímenes retributivos adecuados, facilitando la financiación ágil de estas fuentes de energía, desplegando una inversión masiva en nuestras redes de transporte y distribución y ampliando los puntos de conexión.

Al reto de electrificación acelerada que requiere la situación ya a día de hoy, hay que añadir que la población mundial va a crecer en aproximadamente 1.600 millones de habitantes en menos de 24 años (un 20% respecto a los 8.100 millones actuales). El despliegue coordinado y acelerado de todas las fuentes de energías y sus redes es una necesidad urgente. El mundo, y Europa, tienen que estar a la altura de este gran reto. No hay tiempo que perder.

8. Europa afronta el reto de ser más competitiva sin perder su identidad. ¿Qué valores crees que Europa debería proteger especialmente en los próximos años?

Europa tiene que volver a sus pilares de humanismo y solidaridad. Las nuevas tecnologías y la polarización política (también auspiciada por las nuevas tecnologías y sus algoritmos tendenciosos) han creado una sociedad más individualista y solitaria. Hay una parte importante de la sociedad sistemáticamente anestesiada ante una tablet y las redes sociales o el fenómeno de las series, mientras ignoran de forma distraída, pasiva y ajena a tantos conciudadanos que transitan solos, en situaciones de vulnerabilidad y que requieren de su ayuda.

Europa ya no se manifiesta en las calles ante flagrantes atropellos de los derechos humanos y los escándalos inaceptables de corrupción. Hay que volver al espíritu común, colectivo de Europa, solidario y comprometido, y todo pasa por empezar por nuestros propios países natales.

El ciudadano europeo ha de volver a leer de forma serena y pausada varias editoriales de distintos medios de comunicación, formar opiniones diversas y calmadas y no permitir vivir teledirigido por los algoritmos. Hay que volver a los libros…

La identidad y proyecto común, la Europa paradigma mundial de los derechos y libertades conquistados, y la responsabilidad de un futuro mejor han de impulsar un movimiento activo que abandone decididamente el letargo e indiferencia de la sociedad actual.

9. Para terminar, después de todo lo vivido profesional y personalmente, ¿por qué merece la pena seguir confiando en Europa?

Sin duda, confío en el optimismo de la voluntad, previo análisis objetivo y descarnado de los retos y dificultades a los que nos hemos de enfrentar en cada momento histórico, para definir así un plan de acción realista y necesario, que hay que abordar con energía y determinación. Por ello, creo firmemente que Europa estará a la altura, no existe un escenario posible alternativo para alcanzar mayor prosperidad, competitividad y escala que la Europa del mercado único, la libertad y los derechos individuales y sociales.

En estos tiempos extraños, donde parece que se resiente y queda en entredicho el propio Estado de Derecho y el Derecho Internacional, estoy convencido de que el imperio de la Ley se volverá a imponer y todo se estabilizará con el tiempo. Sólo en un mundo regido por reglas y leyes, por el Derecho, la prosperidad y el orden se pueden abrir camino de forma sostenida en el tiempo, fruto de esa certidumbre que aporta el Derecho. Ese tiempo volverá y Europa será un actor decisivo.

Cuestionario rápido

  • Un lugar de Europa al que siempre volverías: Roma y Londres (fuera de la UE).
  • Un libro que recomendarías para entender Europa hoy: No son libros pero considero que los informes Letta y Draghi sobre Mercado Único y Competitividad son clarividentes y certeros en su diagnóstico y recomendaciones.
  • Una palabra para definir Europa actualmente: Transformación.
  • Un valor europeo que no deberíamos perder nunca: Humanismo.