Hay perfiles que desafían las etiquetas convencionales, y el de Pello Gutiérrez es, sin duda, uno de ellos. Psicólogo y boxeador. Pello encarna una dualidad fascinante: la supuesta calma analítica del investigador y la que consideramos intensidad del cuadrilátero. Actualmente integrado en el equipo de Deusto Stress Research, su trayectoria es un viaje que va desde las aulas de la Universidad de Deusto hasta centros de salud mental en Uganda o sesiones terapéuticas en centros penitenciarios.
En esta entrevista, conversamos con él sobre el concepto de embodiment, la importancia de la salud mental en entornos de exclusión y cómo los guantes de boxeo pueden convertirse en una herramienta de transformación social y equilibrio personal. Un ejemplo de cómo la pasión por el deporte y el rigor científico pueden converger para derribar prejuicios y abrir nuevas fronteras en la psicología.
1. Tu perfil rompe con el estereotipo clásico del psicólogo. ¿De qué manera el boxeo, un deporte de contacto tan directo, te ayuda a ser un mejor profesional de la salud mental?
Como suelo explicar cuando desarrollo el concepto de embodiment (concepto clave de mi tesis), somos el resultado de una sedimentación de acciones. Es decir, la identidad se construye desde la integración del hacer.
Creo que las acciones que se integran en el yo desde el boxeo son herramientas que van mucho más allá de lo deportivo.
Las vivencias que el boxeo facilita, o la dedicación y constancia que exige, no solo están orientadas al rendimiento, sino a una búsqueda constante de autoconocimiento, superación de límites y crecimiento personal, lo cual he ido integrando en distintas facetas de mi vida, incluyendo la académico-profesional.
2. Formas parte de Deusto Stress Research. ¿Qué te ha enseñado el registro poligráfico y la investigación sobre el estrés que puedas aplicar de forma práctica cuando entrenas a alguien en el gimnasio?
Al igual que digo que el boxeo me ha ayudado a desarrollarme en distintas facetas de mi vida, el hecho de trabajar día a día con profesionales tan comprometidos y competentes, desde un sentido de pertenencia a un grupo, también me ha aportado valores y herramientas transferibles al gimnasio y al ring.
Tanto en la investigación como en el boxeo, el trabajo individual sólo es una pequeña parte del proceso, esto va de equipos.
3. Has trabajado en entornos de alta complejidad, como el Centro de Justicia Juvenil Arratia y con personas en exclusión social. ¿Qué papel juega el cuerpo en la gestión de traumas o conductas violentas que la palabra no alcanza a cubrir?
Como he mencionado, somos el resultado de nuestras vivencias, las cuales no siempre son conscientes, y el cuerpo tiene mucho que decir aquí.
Es importante matizar que cuando hablo de cuerpo no estoy hablando de lo puramente anatómico o biológico, sino a la vivencia corporeizada. Es decir, a cómo una persona siente, reacciona y se relaciona con el mundo a través de sus percepciones, emociones y formas de actuar.
En contextos como justicia juvenil o exclusión social, muchas personas han vivido experiencias traumáticas o dolorosas que a veces no pueden expresar con palabras, porque ni siquiera han podido simbolizarlas del todo. Sin embargo, esas experiencias sí suelen quedar inscritas de forma corporeizada (estados permanentes de alerta, impulsividad, desconexión emocional, necesidad de control etc.).
Por eso creo que la psicología no puede entenderse simplemente desde la cognición, ya que nuestra forma de ser y actuar muchas veces poco tiene que ver con lo mental.
Ahí es donde el deporte o algunas actividades corporales estructuradas pueden ser tan útiles. La conexión con lo corporal es el primer paso del autoconocimiento, la regulación emocional, el empoderamiento y la conexión con los demás, por lo que entender el deporte como un facilitador de vivencias corporeizadas es entenderlo como una herramienta de transformación identitaria.
4. Crees que tu experiencia en Uganda y Kenia puede haber marcado un punto de inflexión. ¿Qué lecciones sobre la resiliencia humana te trajiste de África que no aparecen en los manuales académicos?
Muchas veces se peca de romantizar la resiliencia africana. Lo cual puede llegar a ser muy injusto, sobre todo teniendo en cuenta el desequilibrio que implica hacerlo desde nuestra posición privilegiada.
Así que aunque intento no caer en esos tópicos, lo cierto es que África tiene algo especial para mí.
El sumergirme en formas de vivir tan alejadas a la mía, ha posibilitado que me haga un montón de preguntas profundas, y como sabemos en el mundo de la investigación, esto es clave para generar conocimiento.
5. El concepto de embodiment (psicología encarnada) es central en tu visión. ¿Cómo explicarías a otros Alumni por qué es vital reconectar la mente con las sensaciones físicas para alcanzar el bienestar?
Creo que en psicología dejamos atrás hace tiempo esa idea cartesiana del “pienso, luego existo”, donde mente y cuerpo parecían funcionar por separado. Hoy sabemos que lo corporal tiene una importancia enorme en lo psicológico.
Pero el embodiment va un pasito más allá. No se trata solo de que mente y cuerpo estén conectados, sino de entender que vivimos el mundo a través del cuerpo. Percibimos, sentimos, interpretamos y nos relacionamos desde una experiencia profundamente corporeizada, lo que va moldeando lo que somos.
Interiorizar esto puede suponer nuevas formas de comprender e intervenir en Psicología, de forma más interdisciplinar, pero, sobre todo, de forma más humana.
6. Recientemente has desarrollado sesiones de boxeo en centros penitenciarios. ¿Cómo recibe un interno una disciplina que requiere tanta autogestión emocional y disciplina física?
La verdad es que no se me ocurren muchos mejores contextos donde utilizar el boxeo como herramienta educativa y terapéutica. El tiempo en prisión puede ser un punto de inflexión en la vida de muchas personas y, como ya he mencionado, el boxeo facilita vivencias de empoderamiento, autoconocimiento y autorregulación.
A eso se suma algo muy importante: la estructura y el sentido que exige este deporte. El boxeo requiere disciplina, constancia, responsabilidad y aprender a regularse incluso en situaciones de alta intensidad emocional. Y creo que eso encaja muy bien con las necesidades de muchos contextos penitenciarios.
Por lo que creo que desarrollar programas más estructurados en prisión podría ser muy positivo, y que el boxeo se adapta especialmente bien a la dinámica penitenciaria. De hecho, ya existen planteamientos muy interesantes en países como México, donde el boxeo en prisiones está muy organizado y ha demostrado tener un impacto muy positivo en la vida de muchos internos, ayudando a generar rutina, sentido y desarrollo personal.
Desgraciadamente, mi día solo tiene 24 horas, pero es una línea que me interesa mucho y que no descarto desarrollar más en el futuro.
7. Mirando hacia atrás, ¿qué herramientas específicas te dio la Universidad de Deusto para moverte con seguridad en entornos tan distintos como un laboratorio de investigación y un proyecto de construcción en Uganda?
Principalmente, la universidad me dio la oportunidad de descubrir y sumergirme en el mundo de la psicología, un camino de aprendizaje precioso que se ha convertido en una de mis grandes pasiones. Sé que me repito mucho, pero hay conceptos que es importante remarcar. Pienso que las pasiones no son simplemente formas de entretenimiento, son parte de esas vivencias que van moldeando el ser, y para entender lo que soy a día de hoy, no se puede pasar por alto el impacto que la universidad ha tenido en mi.
8. En un sector que a veces tiende a la especialización extrema, tú apuestas por la multidisciplinariedad (salud, social, deporte). ¿Crees que este es el perfil de psicólogo que demanda la sociedad actual?
Sí, considero que la psicología debe ejercer de puente que permita aunar desde una perspectiva científica y humana conceptos que suelen ser analizados desde distintas disciplinas.
La especialización es importante para aportar rigor a la ciencia, pero es importante no perder el foco de que lo específico forma parte de un marco más global. La sociedad actual plantea problemáticas cada vez más complejas, donde lo psicológico está completamente entrelazado con lo social, educativo, etc.
Por lo que el perfil de psicólogo no debería ser únicamente el de alguien muy especializado en un área concreta, sino el de un profesional capaz de conectar perspectivas, comprender la complejidad de la experiencia humana.
9. Nos estamos centrando siempre en el boxeo, pero previamente has pasado por clubes como el Athletic o el Gernika en tu etapa de futbolista. ¿Qué tiene el boxeo que no encontraras en los deportes de equipo para el crecimiento personal?
Es difícil responder de forma breve a esta pregunta, ya que son muchos los factores que hacen del boxeo algo especial. Pero si tuviera que quedarme con uno sería su feedback instantáneo y simbólicamente tan poderoso. Lo vivido en el deporte es transferible a la vida. Por ejemplo, sabemos que el error es la base del aprendizaje, pero el error no tiene la misma fuerza ni implicación en el ring y en el campo de fútbol. En el fútbol, la propia dinámica del juego te permite ciertos márgenes de desconexión. Al final, la responsabilidad se reparte entre once y eso suaviza el impacto de tus errores. En cambio, el boxeo tiene una honestidad radical. En el ring la relación entre el error y la consecuencia es directa e instantánea y de una simbología más potente. No hace falta echarle mucha imaginación para entender que perder en fútbol o en boxeo tiene unas implicaciones psicológicas muy diferentes. Esa falta de ‘red de seguridad’ te obliga a una presencia absoluta y a hacerte cargo de cada decisión que tomas bajo presión. Creo que es precisamente esa exposición constante, esa vulnerabilidad, lo que acaba acelerando tu autoconocimiento y crecimiento personal de una forma mucho más potente.
10. ¿Cuál es el mayor «combate» que tiene pendiente la psicología actual en nuestra sociedad y cómo pretendes contribuir a ganarlo desde tu labor como investigador?
Como he mencionado previamente, cada vez hay más evidencia e interés sobre la profunda interrelación entre los procesos mentales y la experiencia corporal. Aún así, la psicología sigue hablando de salud MENTAL, reforzando involuntariamente la idea de que la experiencia humana se entiende exclusivamente desde la consciencia cognitiva, como si el bienestar fuera solo una cuestión de “pensar bien” o de entender lo que nos pasa.
Mi labor como investigador no pretende proponer respuestas cerradas, sino poner nuevas preguntas sobre la mesa. Quiero que la perspectiva de la vivencia corporeizada gane el peso que merece, ya que personalmente me parece preciosa, es entender al ser humano en su profundidad, lejos de fragmentaciones.
Por otro lado, también siento un compromiso con traducir al lenguaje científico lo que ocurre a diario en los gimnasios. Todos los que pertenecemos al mundo de boxeo ya sabemos que estamos ante una herramienta potentísima de transformación identitaria, pero esto no se ve reflejado en la ciencia, ni es reconocido suficientemente por las instituciones. Así que mi objetivo es lograr generar puentes, para que la ciencia entre al gimnasio para nutrirse de su realidad, y que el boxeo gane el prestigio científico que se merece.
11. Por último, ¿qué recuerdos te llevas de tu paso como estudiante por la Universidad de Deusto?
Uno de los recuerdos que más me ha marcado fue una sensación que me invadió cuando salía de uno de los últimos exámenes de la carrera y que se volvió a repetir cuando se acercaba el final de los máster. Me di cuenta de que no quería que aquello acabara, entendí que había dejado de estudiar para cumplir, y estaba empezando a disfrutar del aprendizaje. La psicología, al igual que cuando hablo del boxeo, estaba dejando de ser algo que yo hacía y estaba empezando a ser algo que yo era. Es cierto que la idea ya había rondado mi cabeza cuando me encontraba leyendo libros de psicología que nada tenían que ver con la materia del curso, pero en el momento que veía que aquella etapa se iba acabando se materializó en un sentimiento muy real.
Cuestionario rápido
- Un lugar para desconectar: La punta del monte Arburu. Las vistas de Amorebieta y la sierra de Aramotz desde allí son maravillosas.
- Un libro que nos recomiendas: Dime quién soy. Aunque el título parezca un libro de psicología no lo es. Es una novela cargada de historia e historias, que siempre me ha fascinado.
- ¿Guantes de boxeo o libreta de notas?: Los guantes para hacerme preguntas y la libreta para intentar responderlas. O quizás sea al revés(?)… jajaja.
- Un recuerdo imborrable de tu paso por la Universidad de Deusto: El viaje a Murcia para Los Campeonatos de España Universitarios de fútbol. Quedamos subcampeones y lo pasamos muy bien. Estaría bien que hubiera algo parecido de boxeo.
- ¿Qué música suena en tus auriculares antes de un combate o de una sesión de datos?: Al ring salgo con Bok-Espok de Kepa Junkera. Para estudiar Ludovico Einaudi.
- Un valor que define tu ética profesional: Pasión.
- Una palabra para definir tu momento actual: Dos mejor jajaj: Disfrutando caminos.



