¿Consideras que es un buen momento para quienes se gradúan en Derecho para optar por opositar a las plazas de empleo público?
La respuesta corta es un sí rotundo (…) La principal razón es que un gran número de empleados públicos se jubilará en los próximos años (…); en la oposición de registros incluso se ha planteado la posibilidad de aumentar el número de plazas en próximas convocatorias, algo que ya ha ocurrido en caso de Notarías. Además, el número de opositores está descendiendo; hoy en día predomina la incorporación inmediata a un puesto de trabajo.
De 2020 a 2023 preparas y superas las pruebas de la oposición a Registrador de la Propiedad, Mercantil y de Bienes Muebles. ¿Cuándo decides que vas a tomar este camino?
La decisión se remonta a mi etapa universitaria. De pequeño soñaba con ser médico, vocación que dejé de lado en bachillerato. Finalmente, opté por estudiar Derecho, como segunda opción que siempre había tenido en mente y eso que no había juristas en mi familia, salvo mi hermano.
Durante la carrera, tenía igualmente claro que no quería ejercer como abogado, encajaba mucho más en mi hermano que en mí. Por ello, la idea de las oposiciones estuvo ahí desde el principio.
Diría que fueron las asignaturas de Derecho privado (civil y mercantil) las culpables de decantarme por la opción de notarías o registros. Más concretamente, en segundo o tercero, habiendo ya cursado materias como obligaciones y contratos, derechos reales, familia y sucesiones, así como las dos primeras partes de mercantil, fue cuando lo tuve claro, eran las asignaturas que me apasionaban.
No conocía las oposiciones de notarías o registros, sólo su exigencia. Fue la cercanía de estas profesiones y su día a día en contacto con esta rama del Derecho la principal atracción a este mundo. Disfrutaba estudiando y fue determinante en mi camino.
Según los entendidos, estas oposiciones se encuentran entre las que quienes aspiran a superarlas suelen dedicar de cinco a diez años. En tu caso fueron dos años y medio. ¿Cómo viviste este periodo?
Fue un período de muchísima exigencia. Remontándome al inicio, mi preparador marcó un ritmo muy duro, la idea era ver todo el temario en el menor tiempo posible, lo cual, le había funcionado con sus anteriores alumnos. Aprovecho este pequeño inciso para alabar y agradecer la labor de mi preparador, así como la de todos los preparadores. Son una parte muy importante en este largo camino.
Durante la oposición, como es lógico, hubo altibajos. No todos los días son iguales y hay que intentar asumir que hay días malos o poco productivos. Al principio era algo que me frustraba, con el tiempo, sin embargo, conseguí sacar rédito de los mismos, fue un punto de inflexión.
En mi caso, la presión por llegar a la convocatoria, fuera notarías o registros, jugó un papel muy importante, era el estímulo que me permitía estudiar y que amenizaba mis días y semanas, como si viese una luz al final del túnel, sin conocer, claro está, si conseguiría o no la plaza,
En definitiva, aunque siempre se dice que las oposiciones son como una maratón, en mi caso se pareció más a un diez mil por su intensidad y exigencia.
A tu entender, ¿qué momento ha sido el más difícil durante el proceso?
En general, podría diferenciar distintos momentos difíciles a lo largo de la oposición.
En primer lugar, ver como mi entorno más cercano empezara a trabajar, viajar o disfrutar de tiempo libre, mientras yo estaba en mi habitación encerrado.
Precisamente, es la soledad uno de los grandes enemigos del opositor. Como siempre digo, hay que aprender a abrazarla, pero sin aislarse. Al final, cuando pasas tantas horas solo, es muy fácil magnificar el mínimo de los problemas y, en consecuencia, perder la concentración.
Aun así, si hubiera de elegir mi momento más difícil, sería el suspenso al primer examen de notarías. Aunque me presentara con 11 meses de estudio y habiendo dado 4 vueltas al temario y sabiendo que no iba con presión por el poco tiempo con el que me presenté, fue un golpe muy duro. Aguanté la hora entera, pero no logré aprobar. Me generó muchas dudas por la exigencia que me imponía y busqué ayuda psicológica. Afortunadamente, puedo decir que fue una decisión acertada que me permitió salir reforzado del bache.
Primero en Cangas de Onís y ahora en Sabiñánigo. ¿Qué diferencias reseñables has encontrado entre estas dos plazas?
En el día a día y en la práctica jurídica, la principal diferencia está en la aplicación de derecho foral aragonés en Sabiñánigo. Presenta especialidades respecto al Derecho civil común, pues cuenta con diversas figuras jurídicas que no se aplican en Cangas de Onís, como el testamento mancomunado, la fiducia aragonesa, entre otras, donde aplica el común.
Además, Sabiñánigo es una oficina más “urbana”, en el sentido de predominar operaciones sobre viviendas en división horizontal con sus respectivas hipotecas y herencias. En cambio. la parte rústica, que engloba operaciones con terrenos como divisiones, agrupaciones, excesos de cabida, etc. es menor que en Cangas de Onís, donde abarcaba la gran mayoría de la rutina. Por ello, suele ser distinto el funcionamiento de las oficinas, aunque el trabajo es complejo y bonito en ambos casos, con sus respectivas peculiaridades.
En cuanto a los lugares, ambos son muy agradables. Cangas, con título de ciudad, está rodeada de parajes espectaculares como los Lagos de Covadonga y tiene cerca también la playa. Sabiñánigo, mientras, tiene la montaña con Formigal-Panticosa y parques naturales como Ordesa. Estoy muy contento de vivir —y haber vivido— en ambos.
¿Consideras que es un buen momento para quienes se gradúan en Derecho para optar por opositar a las plazas de empleo público?
La respuesta corta es un sí rotundo. He tenido la suerte y honor de asistir a las tres últimas jornadas de puertas abiertas a empleo público que organiza la Universidad de Deusto y, no sólo en mi oposición, muchas coinciden en ser buen momento para opositar.
La principal razón es que un gran número de empleados públicos se jubilará en los próximos años, siempre y cuando no suba el año de jubilación. En nuestro caso, en la oposición de registros, incluso se ha planteado la posibilidad de aumentar el número de plazas en próximas convocatorias, algo que ya ha ocurrido en caso de Notarías. Además, el número de opositores está descendiendo; hoy en día predomina la incorporación inmediata a un puesto de trabajo. Como he mencionado anteriormente, opositar es muy exigente y requiere de tener las ideas muy claras.
Aun así, siempre animo a intentarlo. Desde un punto de vista estadístico, es un momento muy muy favorable y, además, el proceso permite adquirir un nivel de conocimiento muy valioso.
Para terminar, tras agradecerte por tu participación en este número y deseándote lo mejor para tu carrera profesional, ¿qué recuerdos guardas de tu paso por las aulas de la Universidad de Deusto?
Siempre que pienso en la universidad, me vienen muy buenos recuerdos. Es una etapa que, por muchas razones, no se olvida.
El inicio puede ser duro, porque supone un cambio muy grande respecto al colegio. De pequeño siempre se piensa en la universidad como algo muy serio. Y así fue, en mi caso. En primero, tuve varios suspensos que conseguí recuperar, me sirvieron de toque de atención para conocer la exigencia. Por suerte, aprendí bien la lección.
Recuerdo especialmente los meses previos a los exámenes pasando horas en la biblioteca CRAI porque en casa no me concentraba… o el último cuatrimestre que tuve que hacer desde casa por la pandemia… son memorias imborrables.
Fuera de lo académico, otro de los grandes regalos que me llevo son las personas que conoces en esta etapa. Hice grandes amistades que sigo manteniendo a día de hoy y de las que me alegro muchísimo.
A modo de conclusión, cuando miro atrás, pienso en cómo era la persona que en su día entró en la universidad y en la que salió. Es una etapa que me ayudó a madurar mucho, tanto a nivel personal como académico y que estoy muy agradecido de haber vivido.



