De desmontar consolas a proteger lo invisible

De pequeño desmontaba videojuegos y consolas para entender cómo funcionaban. Esa curiosidad lo llevó de las aulas de Deusto al mundo de la investigación en ciberseguridad, donde hoy trabaja en proyectos que van desde la innovación para empresas hasta colaboraciones europeas. En esta conversación, León habla de su salto profesional con el programa 3R, de los mitos que rodean a su profesión, de la criptografía que sostiene nuestra seguridad diaria y de la música como mejor forma de desconectar de las pantallas.

— León, tras graduarte en Ingeniería Informática en la Universidad de Deusto, has enfocado rápidamente tu carrera hacia la ciberseguridad y actualmente trabajas como investigador. ¿Cómo ha sido para ti este salto desde las aulas universitarias al mundo de la investigación técnica?

Sinceramente, siempre me he considerado una persona muy curiosa y me ha gustado indagar en los temas que me interesan. Desde pequeño con la informática, andaba haciendo ingeniería inversa (abriéndoles las tripas) a videojuegos y consolas. La universidad para mí fue un salto muy interesante al estar rodeado de profesores con una gran formación y profundo conocimiento de sus materias, además de compañeros que alimentaban aún más mi curiosidad. Ya en el máster, mi director del trabajo final (Ricardo Rodríguez) me dio la oportunidad de unirme a su equipo de análisis forense informático en la Universidad de Zaragoza, y no dudé ni un segundo en aceptar, por lo que creo que entrar al mundo de la investigación ha sido camino natural hacia lo que me gusta. Ahora trabajo en un centro tecnológico y me encuentro muy cómodo en mi trabajo.

— Participaste en el programa de orientación y empleo 3R. ¿Qué te llevó a sumarte a esta iniciativa tras terminar tus estudios y cómo valoras el apoyo recibido en esa etapa de transición? Mientras participabas en el programa 3R, conseguiste acceder a tu actual trabajo. ¿cómo es la realidad diaria de un investigador? ¿Cuál es tu día a día?

Yo empecé en 2024 a trabajar en Zaragoza. Desde que firmé, sabía la fecha de caducidad de mi contrato, ya que contábamos con un presupuesto europeo con el último de diciembre de 2025 como fecha límite. Allá por noviembre de ese año me llegó un correo a través de la Universidad de Deusto acerca del programa 3R y me dije: “¿por qué no?”. Ahí me recibió Carolina Kutz como orientadora laboral, quien hizo una labor excelente como orientadora en mi búsqueda de empleo. En ese momento, mi mayor dificultad fue localizar puestos que se alineasen con mis intereses y mi experiencia laboral, ya que para la mayoría de ofertas del mercado partía con experiencia cero. Sin embargo, en febrero la Universidad organizó el foro de empleo, donde pude conocer a la gente de Ikerlan y con los que tuve muy buenas sensaciones desde el primer minuto que, afortunadamente, fue mutuo.

Mi día a día en Ikerlan es un balance entre investigación y desarrollo: trabajamos tanto con empresa privada, con los que elaboramos soluciones de innovación, como colaboramos a nivel europeo con otros centros tecnológicos y universidades para sacar adelante proyectos de investigación. En cualquiera de los dos casos, me dan mucha libertad en mi labor y estoy muy contento con ello.

— El cine y las series suelen pintar al experto en seguridad informática con sudadera, en una habitación a oscuras y descifrando códigos en cuestión de segundos. ¿Cuál es el mito más divertido o molesto que la gente de fuera del sector suele tener sobre tu trabajo? ¿Cómo explicarías de manera coloquial qué es la ciberseguridad y en qué aspectos de la vida cotidiana nos afectan?

¡Pues seguramente no se aleje mucho del día a día de más de uno que conozco! A mí me resulta bastante graciosa esa imagen, y a veces me dicen que no tengo mucha pinta de informático, doy por hecho que por este motivo. Otras profesiones tienen estereotipos bastante más terribles, así que no me puedo quejar, que al menos este mola.

Aunque el mito más común seguramente sea el que los informáticos lo podamos arreglar todo… De vez en cuando me llega un familiar o amigo (e incluso el profesor de la autoescuela) contándome que se le ha corrompido la SD o que se le ha roto la impresora y preguntándome a ver si lo puedo arreglar… En fin, el día a día.
Algo curioso que ocurre con la ciberseguridad es que es invisible al ojo del común de los mortales. Para empezar, mucha gente no sabe que tenemos un “ejército del ciberespacio” (el MCCE), que nos defiende de ataques a diario. Por otro lado, llevo años trabajando en criptografía y algo que tengo claro es que las personas no son conscientes de que es el pilar de toda nuestra seguridad digital. Aunque no usemos ni páginas web ni móviles, solo ir al banco a sacar dinero ya interviene, con una clave que queda grabada en nuestra tarjeta. ¡La ciberseguridad está en todo!

— Además de tu perfil puramente tecnológico como ingeniero informático, mantienes una faceta activa como músico. En una profesión que a menudo exige mucha pantalla y concentración mental, ¿cómo logras compaginar el código con la música y de qué forma te ayuda esta afición a desconectar o potenciar tu creatividad?

Algo que he aprendido con los años fue que necesito una afición fuera de la informática. Francamente, desde pequeño me han gustado mucho los videojuegos y la tecnología y durante mucho tiempo han sido mi hobby. Sin embargo, pasar ocho horas delante de una pantalla no me anima a seguir con ello después, más bien me aísla más y no me ayuda.

Por otro lado, siempre he sido gran aficionado a la música, y gracias a un amigo (un compañero deustense, de hecho) tuve la oportunidad de unirme a un grupo de rock, con los que aún sigo tocando. Desde entonces he conocido a muchísima más gente dentro del ámbito creativo, no solo a nivel musical, que han cambiado por completo la forma en la que veo mi vida, incluida mi profesión. También es un entorno que me ha enseñado lo importantes que son las personas y lo mucho que puedes llegar a crecer dentro de una comunidad sana.

El mayor aprendizaje que me llevo de aquí es que la creatividad es enemiga del resultado, y es algo que me ayuda a nivel profesional a pensar fuera de lo habitual.

— El ecosistema de la ciberseguridad y la tecnología avanza a un ritmo vertiginoso. Desde tu perspectiva actual, ¿cuáles son las principales inquietudes o retos tecnológicos que te motivan a seguir aprendiendo y hacia dónde te gustaría orientar tus próximos pasos profesionales?

A menudo, la investigación es un océano donde puedes avanzar en cualquier dirección sin saber si te dará resultado o no. Puede llegar a ser muy frustrante cuando te enfocas al resultado, pero en definitiva es un proceso muy bonito, sobre todo porque se trata de un aprendizaje continuo. ¡Hay algún momento en el que estar cómodo es incluso mala señal! Además, en Ikerlan tenemos muchos frentes de investigación abiertos, todos muy interesantes. Estar en medio de la vorágine es divertido, aunque el avance en ciberseguridad es tan veloz que es difícil mantenerse al día. Además, estoy en un entorno con personas con mucha inquietud, lo cual es muy contagioso, y es imposible tener un día aburrido.

Ahora mismo me encuentro muy cómodo en el tipo de trabajo que tengo y me gustaría seguir formando parte del mundo de la investigación en un futuro, sea el reto que me pongan.

— Mirando atrás en tu etapa universitaria en Bilbao, ¿qué balance haces de tus años en Deusto? La informática es un océano enorme. Algunos prefieren ser generalistas y otros, como tú, se especializan muy pronto en una rama muy concreta. ¿Qué le dirías a un recién graduado que tiene miedo a encasillarse demasiado rápido en un solo nicho tecnológico?

Pues le diría que la vida es larga y que da muchas vueltas, y que no tenga miedo a probar lo que quiera o de profundizar en lo que le guste. Tengo claro que hay distintos tipos de personas y que todo se equilibra de forma natural: hay quien cambia rápido de intereses, ciudad y amigos, mientras que hay quien no ha salido de su entorno desde que son pequeños. Cada uno tenemos nuestra forma de ser, lo importante es conocerse y saber lo que nos gusta (y lo que no), y no luchar contra ello.

Precisamente, la informática es un ejemplo bonito de esto, porque si te aburres de una rama, tienes otras cuantas para explorar. Si descubres una que te encanta puedes profundizar en ello tanto como te plazca y se te cansas de ella pues tienes muchas otras en las que indagar.

Cuestionario rápido

  • ¿Tu lenguaje de programación o herramienta favorita? El micrófono y el bajo 😉
  • ¿Un referente o grupo de música que nunca falta en tu playlist? Tool.
  • ¿El mayor desafío de la ciberseguridad actual en una palabra? Educación digital.
  • ¿Tu rincón preferido del campus de Deusto? Bajo el árbol frente a la salida de la puerta de ingeniería.
  • Además de la música ¿Un hobbie/afición/actividad para desconectar de las pantallas? Yoga.