Deusto no se hereda: se renueva
140 años después de que 115 alumnos estrenaran sus aulas, Deusto vuelve a empezar un curso. Lo hace con más de 12.500 estudiantes y con una pregunta que también nos toca a quienes hace tiempo que dejamos la Universidad: ¿qué Deusto queremos dejar a los que vienen detrás?
El Paraninfo estaba lleno. Era 24 de septiembre y no era una apertura de curso cualquiera. Deusto cumplía 140 años.
En primera fila, profesores, autoridades y representantes de la comunidad universitaria. Y presidiendo el acto, alguien que conocía bien ese mismo edificio desde otro lugar: Imanol Pradales volvía a Deusto como lehendakari, pero también como antiguo alumno y profesor de la Universidad.
Junto a él, el rector, Juan José Etxeberria SJ, y el Padre General de la Compañía de Jesús y Canciller de la Universidad, Arturo Sosa SJ.
Hubo discursos, memoria, lección inaugural y protocolo. Pero, escuchándolos, aparecía una idea que iba bastante más allá de la celebración de un aniversario:
140 años no sirven de mucho si solo sirven para mirar hacia atrás.
Lo que recibimos. Lo que dejamos
El rector lo expresó con una frase que podría resumir el aniversario:
«Una universidad no se recibe como una herencia concluida. Cada generación debe hacerla suya, renovarla y entregarla a quienes vienen detrás».
Para quienes estudiamos en Deusto, es difícil no sentirse aludido.
Cada uno conocimos una Universidad distinta. La de hace cinco años, veinte, cuarenta… Cambiaron las carreras, los profesores, los edificios y hasta la forma de estudiar.
También cambiamos nosotros.
El estudiante que un día cruzó por primera vez la puerta de Deusto empezó después a trabajar, cambió de empresa, formó una familia, se fue al extranjero, emprendió, se equivocó, volvió a empezar, aprendió cosas que no estaban en ningún programa académico.
Mientras nosotros hacíamos nuestro camino, Deusto también ha seguido haciendo el suyo.
Quizá por eso cumplir 140 años no consiste solo en recordar lo que fue la Universidad. También invita a preguntarnos qué queda de ella en nosotros y qué relación queremos tener con ella ahora.
Lo que queda de Deusto
Hay cosas de la Universidad que uno olvida bastante rápido.
Fechas de exámenes. Apuntes que parecían imprescindibles. El contenido exacto de alguna asignatura. Incluso nombres que en aquel momento formaban parte de nuestra vida cotidiana.
Y hay otras que, curiosamente, entendemos mejor con los años.
El P. Arturo Sosa habló en su lección inaugural de una Universidad que no se limite a transmitir conocimiento, sino que enseñe a preguntarse por la verdad, por las personas a las que sirve ese conocimiento y por la profundidad con la que miramos la realidad.
Quizá cuando éramos estudiantes no lo habríamos formulado así. Pero muchos reconoceremos algo de eso en nuestra propia experiencia.
Aprender a defender una idea, pero también a escuchar la contraria. A no dar por buena la primera respuesta. A preguntarnos qué consecuencias tienen nuestras decisiones. A trabajar con personas que piensan de otra manera. A descubrir que saber mucho de algo no significa necesariamente comprenderlo.
Después llegó la vida profesional.
Y con ella decisiones para las que no había apuntes: aceptar o dejar un trabajo, dirigir un equipo, afrontar un fracaso, cambiar de profesión, emprender, cuidar de otros, tomar decisiones difíciles o adaptarnos a tecnologías que ni siquiera existían cuando estudiábamos.
Ahí es donde algunas cosas aprendidas en la Universidad adquieren otro significado.
Sosa recuperó una expresión del P. Adolfo Nicolás: la «globalización de la superficialidad». Una advertencia especialmente actual en un tiempo en el que tenemos más información, más respuestas y más velocidad que nunca.
Frente a eso, reivindicó algo bastante sencillo: detenerse, pensar y discernir.
Puede que esa sea una de las cosas que Deusto sigue pudiendo ofrecer a quienes ya no somos estudiantes.
No necesariamente respuestas.
A veces, simplemente, un lugar desde el que volver a hacernos buenas preguntas.
Pradales: volver a Deusto desde otro lugar
La escena tenía algo especial.
Imanol Pradales estudió en Deusto, se doctoró en Ciencias Políticas y Sociología y fue profesor de la Universidad. El 24 de septiembre regresó al Paraninfo como lehendakari para abrir el curso académico.
Habló de «emoción» y «honor».
Pero su presencia permitía también imaginar algo que ocurre, de maneras mucho menos visibles, con miles de antiguos alumnos: uno sale de Deusto y, cuando vuelve, ya no es la misma persona que se marchó.
Pradales habló sobre todo de conocimiento y talento.
Euskadi, recordó, «no cuenta con recursos o riquezas extraordinarios». Su diferencia está en «el conocimiento y el talento» y en una tradición que pone a la persona en el centro. Por eso reclamó una educación de excelencia y un sistema universitario capaz de responder a los cambios sociales y cultivar ese talento.
También miró al mundo que nos ha tocado vivir: inteligencia artificial, polarización, cambio climático, migraciones, nuevas desigualdades, desafección hacia la democracia…
Ante esa realidad pidió escuchar más la voz de las universidades para «actualizar la concepción del humanismo» y «fijar la brújula moral».
Y, citando a San Agustín, reivindicó una palabra que hoy parece casi contracultural: discernimiento.
Pensar antes de responder. Distinguir. Tomarse tiempo.
No está mal como mensaje para comenzar un curso. Ni tampoco para quienes hace tiempo que terminamos el nuestro.
¿Qué Deusto encontraríamos si volviéramos hoy?
Probablemente reconoceríamos muchas cosas.
Y otras nos sorprenderían.
115 → más de 12.500
Deusto abrió sus puertas en 1886 con 115 alumnos. Hoy tiene más de 12.500 estudiantes y cerca del 10 % procede de otros países.
50 países
Las aulas de Bilbao y Donostia son hoy bastante más internacionales que las que conocimos muchos de nosotros.
3.549 nuevos estudiantes
Comenzaron el último curso estudios de grado, máster o doctorado.
1.341 estudiantes becados
La Universidad destinó más de 2,6 millones de euros a becas propias.
300 proyectos de investigación
Y cerca de 600 artículos científicos durante el curso.
Dos nuevas generaciones de alumni
Medicina y Enfermería han graduado ya a sus primeras promociones.
Son cifras de la Memoria 2025-2026. Pero, juntas, cuentan algo más sencillo:
Deusto no se quedó como la dejamos.
Ha cambiado porque también ha cambiado el mundo al que tiene que responder. Y seguirá haciéndolo.
Volver a Deusto. También para aprender
Durante mucho tiempo nuestra relación con la Universidad parecía tener un recorrido bastante claro: entrar, estudiar, graduarnos y salir.
Hoy esa frontera es mucho menos evidente.
Y quizá por eso hay una idea del nuevo Plan Estratégico 2027-2032 que toca especialmente a los alumni: la Universidad quiere acompañarnos durante más tiempo.
Porque el título se obtiene una vez. Aprender, no.
Las profesiones cambian, aparecen tecnologías nuevas, algunos conocimientos caducan y en determinados momentos de nuestra trayectoria necesitamos volver a aprender casi desde cero.
Deusto quiere reforzar la formación a lo largo de la vida y abrir todavía más sus puertas a profesionales que necesitan actualizar conocimientos, cambiar de rumbo o comprender transformaciones que hace unos años ni siquiera estaban sobre la mesa.
También quiere ampliar su dimensión internacional, reforzar las becas y oportunidades para quienes encuentran más dificultades para acceder a la Universidad y orientar su investigación hacia grandes retos como la salud, la transición ecológica, la convivencia democrática, la justicia social o el uso responsable de la tecnología.
Lo interesante es que muchos antiguos alumnos ya estamos trabajando precisamente en esos ámbitos.
En empresas, hospitales, colegios, administraciones, despachos, organizaciones sociales, universidades, centros tecnológicos o proyectos propios.
Quizá esa sea otra forma de entender Deusto 140 años después: no solo como el lugar en el que estudiamos, sino como un lugar al que podemos volver.
A encontrarnos.
A compartir experiencia.
Y también a seguir aprendiendo.
Una historia que también estuvo a punto de terminar
Celebrar 140 años permite mirar hacia delante porque hubo quienes, antes, hicieron posible que la historia continuara.
Pradales recordó durante el acto un episodio poco conocido.
En 1937, en plena Guerra Civil, Jesús María Leizaola intervino para evitar que el edificio de la Universidad fuera destruido.
Hubo también un recuerdo mucho más cercano.
El Paraninfo recordó a los miembros de la comunidad universitaria fallecidos durante el último curso y, de manera especial, a José María Guibert SJ, rector de Deusto entre 2013 y 2023.
El P. Arturo Sosa destacó el impulso que dio a la Asociación Internacional de Universidades Jesuitas (IAJU).
Porque 140 años se cuentan con fechas y cifras.
Pero se escriben, sobre todo, con personas.
Y ahora, 2032
El rector terminó mirando seis años hacia delante.
«Cuando lleguemos a 2032, no bastará con contar proyectos. Tendremos que preguntarnos si hemos acompañado mejor a las personas, si nuestro conocimiento ha ayudado a afrontar los desafíos sociales y si Deusto ha servido con mayor profundidad y generosidad».
Y dejó una última medida para saber si estos 140 años han merecido la pena:
«Esa es la medida de una institución viva: no los años que acumula, sino el futuro que es capaz de construir».
Quizá sea también una buena manera de mirar este aniversario desde Alumni.
Porque ninguno somos ya aquel estudiante que cruzó por primera vez la puerta de Deusto.
Desde entonces hemos trabajado, cambiado, aprendido, acertado, nos hemos equivocado y, muchas veces, hemos tenido que empezar de nuevo.
Deusto también.
Este curso habrá muchas ocasiones para celebrar sus 140 años. Para volver al campus, encontrarnos con otros alumni, entrar otra vez en un aula o descubrir una Universidad diferente a la que dejamos.
Pero quizá la celebración más interesante sea otra.
Sentir que seguimos formando parte de lo que venga después.
Porque Deusto no se recibe terminada.
Cada generación la hace suya.
Y después la entrega a la siguiente.
Por otros 140 años.



