Con motivo del 140 aniversario de la Universidad de Deusto, su rector, Juan José Etxeberria, repasa la historia y la identidad de la institución, reflexiona sobre el papel de la comunidad alumni y comparte su visión sobre los retos que marcarán el futuro de la Universidad.
140 años dan para cambiar muchas cosas. La forma de enseñar, de investigar, de relacionarse con la sociedad y hasta de imaginar el futuro. Pero también obligan a preguntarse qué debe permanecer. En este aniversario, conversamos con el rector Juan José Etxeberria sobre la identidad de Deusto, el vínculo con quienes han pasado por sus aulas y los desafíos de una Universidad que mira hacia adelante con una idea clara: seguir cambiando sin dejar de ser Deusto.
— Este curso la Universidad cumple 140 años. Si tuvieras que elegir un momento o un hito de esta historia que defina lo que es hoy Deusto, ¿cuál sería?
Es difícil elegir un único momento en 140 años. Quizá me quedaría más con una constante que con una fecha: la voluntad de Deusto de formar personas, no solamente profesionales. Todos nuestros estudiantes, independientemente de lo que estudien, reciben una formación humana en valores.
Han cambiado los estudios, la sociedad, la forma de enseñar y hasta la propia Universidad, pero esa manera de entender la educación ha permanecido. Y creo que explica bastante bien por qué, después de 140 años, seguimos reconociéndonos en lo que somos.
— Tú también fuiste estudiante de Deusto y hoy eres su rector. Cuando piensas en aquellos años, ¿qué queda en ti de aquel estudiante?
Guardó un profundo agradecimiento por todo lo experimentado durante mi etapa como estudiante en nuestra universidad. Fueron años de una sólida formación integral que marcaron mi vida, caracterizados por la profundidad y el rigor académico en el estudio de la filosofía y la teología. Tuve la fortuna de contar con maestros excelentes que no solo me guiaron en el plano intelectual, sino que también me inspiraron en lo humano. Además, fue un tiempo privilegiado para cultivar relaciones y amistades que hasta el día de hoy conservo con afecto.
— ¿Qué es lo que menos ha cambiado de Deusto en 140 años, y qué es lo que más ha tenido que transformarse?
Lo que menos ha cambiado es seguramente el porqué. Seguimos entendiendo la universidad desde nuestra raíz ignaciana y desde una determinada manera de mirar a la persona y a la sociedad, con una vocación de servicio a la sociedad.
Lo que ha cambiado es casi todo lo demás. La forma de enseñar, de investigar, las titulaciones, nuestra relación con las empresas y las instituciones, nuestra presencia internacional…Una universidad que no cambia con la sociedad corre el riesgo de dejar de ser útil.
El reto está precisamente ahí: cambiar todo lo que sea necesario sin perder aquello que da sentido a lo que hacemos.
— Con el 140 aniversario como excusa, ¿hacia dónde mira la Universidad en los próximos años? ¿Qué querrías que dijéramos de Deusto dentro de otros diez años?
Me gustaría que dentro de diez años pudiéramos decir que Deusto supo cambiar sin dejar de ser Deusto.
Vamos a vivir transformaciones enormes. Algunas ya las estamos viendo con la inteligencia artificial, pero seguramente vendrán otras que hoy ni siquiera somos capaces de anticipar. La Universidad tendrá que cambiar con ellas.
Pero me gustaría que alguien que volviera a Deusto dentro de diez años siguiera reconociendo una universidad exigente, cercana y preocupada por las personas. Para mí, ese equilibrio entre transformación e identidad va a ser uno de nuestros grandes retos.
— La empleabilidad y la orientación laboral son hoy una de las grandes preocupaciones de cualquier estudiante. ¿Qué papel juega la Universidad en ese acompañamiento, más allá del título?
Nuestro compromiso con un estudiante no puede terminar cuando entrega su último trabajo o recoge su título. Tenemos que ayudarle a prepararse para lo que viene después.
Hay una idea que creo que resume bien nuestra responsabilidad: anticipar es también acompañar. Anticiparnos a los cambios del mercado laboral y ayudar a cada estudiante a encontrar su lugar, pero también seguir estando cerca cuando ya ha comenzado su vida profesional.
Porque ese acompañamiento no termina con el primer empleo. Las carreras profesionales son cada vez menos lineales: cambiamos de trabajo, asumimos nuevas responsabilidades, necesitamos actualizar conocimientos o incluso replantearnos nuestro camino. Y ahí la Universidad también puede seguir acompañando.
Me gustaría que nuestros estudiantes supieran que Deusto puede estar a su lado cuando empiezan su carrera profesional, pero también que nuestros alumni sientan que pueden volver a la Universidad cuando lo necesiten.
— Deusto reúne ya a una comunidad muy amplia de antiguos alumnos y alumnas. ¿Qué valor le da la Universidad a esta red, y cómo te gustaría que evolucionara su relación con la institución?
Para mí, una de las grandes fortalezas de Deusto es precisamente su comunidad alumni. Son miles de personas, de generaciones, profesiones y lugares muy distintos, pero con una experiencia común que las vincula a la Universidad.
Y esa comunidad tiene un enorme valor. Lo vemos cuando un alumni vuelve para compartir su experiencia con los estudiantes, cuando acompaña a alguien que está empezando, abre las puertas de su empresa, participa en un encuentro o decide apoyar un proyecto de la Universidad. También cuando alumni que viven a miles de kilómetros se encuentran y descubren que Deusto sigue siendo un vínculo entre ellos.
Me gustaría que cada vez hubiera más relación en las dos direcciones. Que Deusto siga ofreciendo a sus alumni espacios para encontrarse, aprender, compartir y ayudarse, y que ellos sientan que pueden seguir participando y aportando a la vida de la Universidad.
— Cada vez son más los alumni y amigos de Deusto que deciden implicarse activamente con proyectos como Becas Arrupe. Más allá del apoyo económico, ¿qué significa para ti esa confianza que depositan en la Universidad?
Para mí, lo más importante no es solamente la aportación económica. Es la confianza que hay detrás. Cuando alguien decide apoyar un proyecto como las Becas Arrupe está diciendo que cree en lo que hace Deusto y que quiere formar parte de ello.
Y esa confianza hay que cuidarla. No podemos entender la relación con nuestros donantes como algo puntual, ligado únicamente a una campaña o a una donación. Tenemos que construir relaciones a largo plazo, ser transparentes, contar qué estamos haciendo y hacerles partícipes del impacto que están ayudando a generar.
En el caso de las Becas Arrupe ese impacto es muy concreto: detrás de cada beca hay un estudiante, una familia y una oportunidad que quizá no existiría sin ese apoyo.
Por eso, más que hablar solo de donantes, me gusta pensar que estamos construyendo una comunidad de personas que confían en Deusto y quieren ayudarnos a hacer posibles determinados proyectos. Y nuestra responsabilidad es cuidar esa confianza a lo largo del tiempo.
— Vivimos un momento de cambios muy rápidos —inteligencia artificial, transformación del mercado laboral, incertidumbre geopolítica. ¿Cómo se prepara hoy una universidad como Deusto para formar personas que van a trabajar en un mundo que cambia tan deprisa?
Nadie sabe con exactitud cómo será el mundo dentro de diez años. Y probablemente tampoco sabemos cuáles serán muchas de las profesiones en las que acabarán trabajando quienes hoy empiezan la universidad.
Por eso creo que nuestra responsabilidad no puede ser únicamente enseñarles lo que sabemos hoy. Tenemos que enseñarles a seguir aprendiendo, a adaptarse, a hacerse preguntas y a tomar decisiones con criterio.
La inteligencia artificial es un buen ejemplo. Tenemos que incorporarla, por supuesto, pero también enseñar a preguntarnos para qué la utilizamos, qué decisiones dejamos en sus manos y qué consecuencias tiene.
En un mundo que cambia tan deprisa, quizá una de las mejores cosas que puede darte una universidad es precisamente criterio para orientarte en él.
— Hoy las universidades compiten no solo por su oferta académica, sino también por lo que representan. ¿Crees que los valores y la identidad de Deusto siguen siendo una razón para elegir esta universidad?
Creo que sí. Cuando alguien elige una universidad, evidentemente mira qué quiere estudiar, el plan de estudios, las salidas profesionales… pero creo que también importa dónde vas a pasar unos años muy importantes de tu vida y qué tipo de formación vas a recibir.
En Deusto hay una manera de entender la educación que viene de nuestra identidad ignaciana: poner a la persona en el centro, formar buenos profesionales, por supuesto, pero también personas con criterio, capaces de preguntarse qué quieren hacer con lo que han aprendido, qué quieren ser.
Y creo que eso sigue teniendo valor hoy. No se trata de decirle a nadie lo que tiene que pensar, sino precisamente de ayudarle a construir su propio criterio.
— Eres jesuita y eres rector. ¿Hay algo que hayas aprendido en tu vida como jesuita que hoy notes especialmente en tu manera de ejercer como rector?
Mi estilo de liderazgo está profundamente marcado por mi identidad jesuita, lo que se traduce en un modo concreto de ser y de estar. Esto implica cultivar actitudes como el acompañamiento, el cuidado de la persona, la búsqueda constante del Magis, la gratitud, la audacia y la humildad. Todo ello sostenido por el discernimiento y por una mirada de fe sobre la realidad, que me lleva a contemplar los desafíos sociales, tecnológicos e intelectuales con esperanza y compasión, buscando siempre responder a ellos hoy desde el Evangelio
— Para cerrar: si pudieras dar un mensaje directo a los miles de antiguos alumnos y alumnas que reciben esta revista, ¿Cuál sería?
A quienes un día estudiasteis aquí os diría algo muy sencillo: Deusto sigue siendo vuestra casa. Han pasado los años y seguramente vosotros también habéis cambiado mucho desde que salisteis de estas aulas, pero espero que haya algo de aquellos años que todavía os acompañe.
Queremos que volváis, que participéis y que sigáis sintiendo que formáis parte de esta comunidad. Porque Deusto no son solo sus edificios ni quienes estamos hoy aquí. También sois todos los que habéis pasado por sus aulas y lleváis una parte de esta Universidad allí donde estáis.
Gracias por seguir siendo Deusto.



