Skip to main content

Andrea Martínez Murillo

Estas experiencias me enseñaron que la humanidad, la empatía, la cercanía o incluso el sentido del humor son cualidades fundamentales en el trato con el paciente. Al final, ser un buen fisioterapeuta no solo implica saber aplicar técnicas, sino también saber acompañar, escuchar y entender a la persona en su conjunto.

De 2016 a 2023 fuiste atleta de alto rendimiento en la modalidad de lanzamiento de disco. ¿En qué medida esta exigente práctica deportiva ha influido en tu decisión de ser Fisioterapeuta?

Entre 2016 y 2023 fui atleta de alto rendimiento en lanzamiento de disco, una etapa que marcó profundamente mi forma de entender el deporte y, en gran medida, mi decisión de estudiar Fisioterapia. El deporte siempre ha sido una parte esencial de mi vida, no solo como actividad física, sino como una forma de disciplina, superación y equilibrio personal.

Sin embargo, el alto rendimiento también tiene una cara menos visible: las lesiones. Aunque cada vez se habla más de ello, siguen siendo momentos muy duros para cualquier deportista. En mi caso, atravesé varias lesiones que me afectaron tanto física como emocionalmente, y que supusieron algunos de los periodos más difíciles de mi carrera.

Fue precisamente en esos momentos cuando tuve un contacto más cercano con la figura del fisioterapeuta. Descubrí una profesión en la que no solo importa la recuperación física, sino también el acompañamiento psicológico y emocional. Las largas horas de tratamiento hacen que se cree un vínculo muy especial, donde el fisioterapeuta se convierte en un apoyo fundamental, casi un confidente. Esa experiencia despertó en mí una gran admiración por la profesión y el deseo de formar parte de ella.

Tras obtener el Grado, realizas un postgrado de especialización en rehabilitación cardiopulmonar, metabólica y oncológica, al tiempo que te formas como instructora de pilates. Esta concatenación formativa no parece aleatoria. ¿Podrías contarnos cómo decides realizar este itinerario?

Tras obtener el Grado, tenía claro que quería seguir formándome, pero también que mi camino debía tener un sentido personal. En mi caso, la decisión de especializarme en rehabilitación cardiopulmonar, metabólica y oncológica estuvo muy influida por mi entorno cercano. He tenido familiares con patologías graves, y vivir esas situaciones de cerca me hizo ser muy consciente de lo limitante que puede llegar a ser la enfermedad, no solo a nivel físico, sino también emocional.

Al descubrir la existencia de esta rama dentro de la fisioterapia, despertó en mí una gran motivación. Me di cuenta de que, aunque muchas de estas patologías no tienen una solución definitiva, el fisioterapeuta puede desempeñar un papel fundamental en la prevención, en la limitación del avance de la enfermedad y, sobre todo, en la mejora de la calidad de vida de estas personas. Esa idea de poder ayudar de forma tan significativa fue clave en mi decisión.

Por otro lado, formarme como instructora de pilates complementa de manera muy natural la labor del fisioterapeuta, ya que constituye una herramienta más para abordar el ejercicio terapéutico. Me permite trabajar desde un enfoque global, adaptado y consciente, ajustándome a las necesidades específicas de cada paciente y acompañándolo en todas las fases de su proceso de recuperación y bienestar.

Durante tu formación universitaria has realizado prácticas profesionales en distintos entornos: desde el mundo de la salud a centros especializados. ¿Qué aprendizajes destacarías de estas experiencias?

Durante mi formación universitaria, las prácticas en distintos entornos me permitieron descubrir que la fisioterapia abarca un espectro mucho más amplio de lo que inicialmente se percibe.

Existen numerosas disciplinas dentro de la profesión que, en muchas ocasiones, son desconocidas, y considero fundamental poder conocerlas de primera mano. Al final, la teoría o lo que aparece en un papel aporta una base necesaria, pero no refleja completamente la realidad del día a día profesional.

En mi caso, todas las prácticas me aportaron muchísimo, pero, sobre todo, me ayudaron a comprender realmente qué significa ser fisioterapeuta. Me hicieron ver que los conocimientos teóricos y la formación académica son imprescindibles para ejercer con rigor, pero también que no son suficientes por sí solos.

Estas experiencias me enseñaron que la humanidad, la empatía, la cercanía o incluso el sentido del humor son cualidades fundamentales en el trato con el paciente. Al final, ser un buen fisioterapeuta no solo implica saber aplicar técnicas, sino también saber acompañar, escuchar y entender a la persona en su conjunto.

De cara al futuro, ¿qué tienes pensado explorar o desarrollar profesionalmente como fisioterapeuta?

Ahora mismo me siento muy satisfecha con el camino que he recorrido. Acabo de finalizar tanto el Grado como el Experto, y considero que, aunque la formación es fundamental, el título en sí no lo es todo. Al final, lo realmente importante es lo que haces con ese conocimiento. En esta etapa, mi objetivo principal es profundizar, desarrollar y aplicar todo lo que he aprendido hasta ahora, ganando experiencia y creciendo como profesional en la práctica diaria. Además, tengo la suerte de poder seguir aprendiendo junto a mis profesores, lo cual supone un privilegio en esta fase. A ello se suma la oportunidad de trabajar en un centro como Ammma, que me ha brindado la confianza de formar parte de su equipo. Se trata de un centro con gran prestigio, ganado gracias a la calidad de sus profesionales, así como a su tecnología y a sus instalaciones.

Creo que este es el momento de consolidar bases, enfrentarse a la realidad clínica y seguir aprendiendo de cada paciente y de cada situación.

Aun así, tengo claro que la formación continua va a seguir siendo una parte esencial de mi camino. A largo plazo, me gustaría seguir especializándome dentro del ámbito de la rehabilitación cardiopulmonar, metabólica y oncológica, ya que es el área que realmente me motiva y con la que más conecto. Es un campo en el que siento que puedo aportar valor y en el que quiero seguir creciendo, tanto a nivel profesional como personal.

Gracias por compartir tu experiencia. Por último, ¿qué recuerdos te llevas de tu paso por la Universidad de Deusto?

Guardo un recuerdo muy especial de mi paso por la Universidad de Deusto. Han sido años de mucho aprendizaje, no solo a nivel académico, sino también personal. Me llevo la base de conocimientos que me han permitido llegar hasta aquí, pero, sobre todo, las experiencias vividas y las personas que he conocido en el camino.

Destacaría especialmente la cercanía del profesorado y su implicación, ya que no solo se centraban en transmitir contenidos, sino también en acompañarnos y prepararnos para la realidad profesional. Gracias a ello, he podido aprender de grandes referentes y, en muchos casos, seguir en contacto con ellos incluso después de terminar la carrera.

También me llevo grandes amistades y momentos compartidos que han hecho que esta etapa sea aún más significativa. En definitiva, recuerdo mi paso por la universidad como una etapa muy enriquecedora, que ha marcado el inicio de mi camino como fisioterapeuta y como persona.