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Javier Galparsoro

By 8 abril, 2022Entrevistas

Hace tiempo que perdí toda autoridad y legitimidad para decir a nadie quién debe venir y quién no a la mesa de mi abundancia, de la pasividad, de la dramática estadística que otros padecen. Soy un privilegiado desde que nací, así que debiera estar preocupado el resto de mis días.

(…) Estoy contento con mi trabajo, pero nunca feliz. Siempre inquieto, en estado de alerta permanente y de indignación creciente. No tengo país, ni himno, ni bandera. Todo ser humano tiene nombre y una historia única e irrepetible. Podría ser la mía.

Casi desde el inicio de tu carrera profesional te has dedicado de lleno a las personas refugiadas, la extranjería y los derechos humanos. ¿En qué momento sentiste el impulso de especializarte en esta área legal? ¿Qué te hizo dar ese paso?

Cuando descubrí que nacer en el Norte es solo un azar inmerecido. Es poder vivir 45 cms. Por encima de la miseria, la guerra y la desolación. Que estar documentado; comer 3 veces al día; ir al cine el finde y de vacaciones en verano, no está al alcance del 90% de la humanidad.

Un día lejano llamó a mi puerta un desertor del ejército de Sierra Leona. Me pedía le ayudara para no ser deportado. Compré un mapamundi en Librería Goya porque no sabía dónde estaba su país. Luego compré la Ley de Asilo en el Corte Inglés porque no la estudié en mi carrera y nadie me podía ayudar.

Hice lo que pude, mal seguramente. Siempre existe una primera vez en la vida, y a mí afortunadamente me la cambió.

Los recientes movimientos poblacionales derivados de la situación bélica sufrida en Ucrania han puesto en evidencia, por un lado -el más positivo-, la inmediata reacción solidaria y altruista de gobiernos, instituciones, ciudadanos y organizaciones europeas a la hora de ayudar, apoyar, acoger e integrar rápidamente a estas personas refugiadas. Por otro -el más delicado-, ha puesto en evidencia una aparente discriminación hacia otras personas que desde hace mucho tiempo se encuentran entre nosotros por motivos idénticos, pero de etnias y orígenes extraeuropeos. ¿Cuál es tu opinión al respecto? ¿Crees que podría afectar en su labor a ZEHAR-Errefuxiatuekin?

No veo ninguna diferencia entre las niñas con su gorrito de lana y peluche despidiendo a sus aitas y aitites con su naricilla pegada a la ventanilla en el tren abarrotado desde la estación de Leópolis, con Aylan Kurdi; o con los niños soldados; o con las niñas de Sudán del Sur con moscas buscando el pecho reseco de su madre; o con los niños que volaban por la cabeza de soldados del ejército americano en una evacuación imposible desde el aeropuerto de Kabul.

El 23 de febrero de este año había censados más de 82,5 millones de refugiados en el mundo, es decir 1 de cada 110 habitantes del sufriente planeta. Un mes después, la cifra se incrementa en otros 4,4 millones. Intolerable, insoportable. Me niego a perder la memoria histórica y vivir en permanente amnesia.

Fuimos exilio, seamos refugio. Ponte en su piel. ¿Tú qué hubieras hecho si tienes delante un francotirador, si un misil apunta a tu ciudad, si tiemblas de miedo en tu refugio nada seguro cuando escuchas el ulular de las sirenas?

En este sentido, ¿crees que sería necesaria a corto plazo una reformulación, una flexibilización legal y administrativa, de las Leyes de Extranjería de la UE?

Solo los seres humanos hemos compartimentado el planeta, trazando a veces líneas imaginarias con tiralíneas. Circulan capitales, servicios, bienes, mercancías, virus, pero no personas. No todas las personas.

Ellos saben que existimos. Tienen internet, móvil y sobre todo aspiraciones a una vida mejor y más segura. Pregúntate por qué no sale ninguna patera desde la playa de Plentzia ni la de Sopelana. Saltan la valla de Melilla con la camiseta de Messi y gritan “boza”, es decir victoria, sin saber lo que les aguarda. Iñaki Williams es un referente para miles de migrantes africanos.

Hace tiempo que perdí toda autoridad y legitimidad para decir a nadie quién debe venir y quién no a la mesa de mi abundancia, de la pasividad, de la dramática estadística que otros padecen. Soy un privilegiado desde que nací, así que debiera estar preocupado el resto de mis días.

¿Qué recomendarías a las y los Alumni de la Universidad de Deusto a la hora de sensibilizarse en torno al fenómeno de la búsqueda de asilo y refugio? ¿Y de qué manera podrían contribuir a la mejora del apoyo, la acogida y la integración de las personas refugiadas?

Que contacten con cualquier inmigrante. Que les paren en la calle y pregunten qué hacen aquí, por qué han venido, a qué aspiran, en qué se parecen a vosotros. La diferencia entre un refugiado y un inmigrante. El senegalés en el bar que te intenta vender una bufanda del Athletic está trabajando y aspira a estar legal, no le vaciles. Y cómprale algo, incluso aunque sea delito o imitación.

Aprende de sus culturas, su lengua, sus costumbres, su religión. Mézclate, como mezclamos sabores, colores y olores. O con la naturalidad con que probamos sushi, kebab, cous-cous, pato pekinés. Ved los documentales de TVE-2 con asombro de cómo las ballenas van a reproducirse desde el Ártico al Pacífico y regresan sin que nadie les pida pasaporte, visado, ni papeles. No encuentran vallas, ni muros ni concertinas.

Te damos las gracias por todo lo que haces y por dedicarnos algo de tu tiempo para este número. Para terminar, ¿qué recuerdos guardas de tus años de estudiante de Derecho en la Universidad de Deusto?

Un gran recuerdo de un niño “bien” del distrito 11 de Bilbao. Sin saber nada de la vida y la no-vida de tanta gente. Me alegro que la experiencia, el dolor ajeno y la interpelación cotidiana me hayan situado a este lado de la frontera.

Estoy contento con mi trabajo, pero nunca feliz. Siempre inquieto, en estado de alerta permanente y de indignación creciente. No tengo país, ni himno, ni bandera. Todo ser humano tiene nombre y una historia única e irrepetible. Podría ser la mía.

Eres bueno… porque llevas una buena vida” (Jack Kerouac)