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Aiala Icaza González

By 18 diciembre, 2020junio 11th, 2021Alumni Mundus

… echarle cara, LinkedIn es tu arma perfecta. Contacta directamente con los jefes de equipo de la empresa en la que quieras trabajar y sé pesada haciendo “follow ups”. Si vas a dedicarte al mundo digital, únete a comunidades online, las hay por todas partes y, como he comentado antes, todo el mundo está dispuesto a echarte una mano.

Leioaztarra formada en Donostia, has desarrollado tu carrera profesional fundamentalmente fuera de Euskadi. Primero en Alemania, después en el Sudeste Asiático y, por el momento, en los Emiratos Árabes Unidos. ¿Qué diferencias destacarías entre las posibilidades y oportunidades para este desarrollo profesional en esos países y en Euskadi? ¿Qué ha supuesto para ti?

La verdad es que sólo he buscado una vez trabajo en Euskadi, de recién licenciada en 2010 y entonces el mercado no estaba en su mejor momento y había mucho filtro hecho en base a los estudios cursados. Por suerte, me salió una oportunidad en Berlín para trabajar en marketing digital, lo cual me abrió un mundo infinito de posibilidades.

A pesar de llevar tantos años fuera, sé que el mercado de agencias digitales en Euskadi ha crecido; también tenemos inversores como All Iron, que hacen un gran trabajo potenciando start ups locales ampliando el ámbito de las oportunidades que ya no se limita a las clásicas empresas de toda la vida.

Entras en el mundo SEO (Search Engine Optimization) antes de finalizar tus estudios universitarios. ¿Podrías brevemente darnos unas pinceladas de tu experiencia en esta especialidad profesional del Marketing digital?

Pues ya voy para 9 años trabajando en este ámbito y he tenido la suerte de hacer de todo. Empecé en una incubadora en Alemania, cambié a una agencia de marketing digital en Malasia, a continuación, cambié a cliente (una compañía de comida a domicilio) allí también, para acabar en Dubái en agencias digitales americanas. He trabajado con clientes de diferentes países (Cambodia, Singapur, Arabia Saudí…) y de todos los ámbitos como Mercedes Benz, Sephora, The Cheesecake Factory y muchos más. Pero no sólo me he centrado en el SEO, también he hecho mis pinitos en SEM (Search Engine Marketing – Marketing de pago en Google) y hoy en día me enfoco mucho a ventas de marketing digital también.

En los últimos cuatro años has vivido en Dubái, uno de los lugares más ricos, si no el más, del mundo. Antes de Medio Oriente, estuviste en el Sudeste Asiático, en Kuala Lumpur. ¿Cuál ha sido tu experiencia como mujer profesional en estos entornos socioculturales tan distantes del nuestro?

Sinceramente, pocas veces me he encontrado en una situación en la que me hayan hecho de menos por ser mujer o haya tenido menos oportunidades de crecimiento que mis compañeros varones. Supongo que el hecho de estar en un sector tan técnico y en un país en el que hay muy pocas personas que se dediquen a esto, ayuda a que la discriminación sea menor. Eso no quita para que haya tenido que sufrir “mansplaining” de clientes hacia mí, pero el sector digital tiene una gran presencia femenina con lo cual estamos rompiendo techos de cristal y cambiando percepciones sobre géneros.

El voluntariado también ha ocupado tu tiempo. ¿Se puede compaginar la actividad profesional con el voluntariado? ¿Qué te mueve a ello?

Supongo que dependerá de tu empresa y sector. La gran suerte de dedicarme al SEO es que el work-life balance es real. Muchos días acabo de trabajar a las 17:30 o 18:00 y muy pocos fines de semana me ha tocado abrir el ordenador.

Comenzó todo con un viaje a Beirut, en el que pude ver las condiciones de vida de refugiados sirios en la ciudad. Poco después, tuve la oportunidad de ir al campamento base de Everest y recaudar dinero para refugiados y un orfanato en Katmandú. Unos meses más tarde, me fui a India a construir un filtro de agua en una aldea cerca de Mumbai y también fuimos a Delhi a conocer una ONG local (Bucket list India). Ahí conocí a una niña, Vineeta; no se sabe si tiene 11 ó 12 años, ya que nació en la calle sin papeles. Tuvo que dejar la escuela para ponerse a trabajar al no tener padre. Su hermana está casada y su hermano en la cárcel. Por suerte, esta ONG consiguió convencer a la madre de la importancia de la escuela. Bucket list India ayuda a niños como Vineeta que viven en slums a volver al colegio y aspirar a una vida mejor. Desde entonces (y hasta la pandemia), he intentado visitarles cada poco para ver cómo van los avances de Vineeta en la escuela y poder pasar tiempo juntas.

Hoy en día, no tenemos la necesidad de irnos a India o Líbano a hacer voluntariado, aquí en casa tenemos muchas ONGs que necesitan que les echemos una mano (ya sea económicamente o con servicios) y es algo que, recomiendo encarecidamente. Muchas veces un simple gesto puede cambiar la vida de una persona y la sensación que tienes al ayudar no se puede comparar con nada en este mundo.

¿Qué aconsejarías a las y los Alumni de la Universidad de Deusto a la hora de plantearse un posible salto internacional para el desarrollo de sus carreras profesionales?

Siempre recomiendo salir fuera, ya sea para estudiar o trabajar. No solo es un tiempo que nunca olvidarás, sino que personalmente te hace crecer de manera inconmensurable.

Suena a cliché, pero al estar expuesta a tantas culturas, idiomas y formas de pensar diferentes, ves las similitudes que tenemos entre humanos a la vez que te hace más abierto de mente, resiliente y flexible ante cualquier problema o situación que pudieras encontrar.

Mi gran consejo es echarle cara, LinkedIn es tu arma perfecta. Contacta directamente con los jefes de equipo de la empresa en la que quieras trabajar y sé pesada haciendo “follow ups”. Si vas a dedicarte al mundo digital, únete a comunidades online, las hay por todas partes y, como he comentado antes, todo el mundo está dispuesto a echarte una mano.

Dándote las gracias por atendernos, y para finalizar, ¿qué recuerdos guardas de tus años vividos en las aulas de la Universidad de Deusto y te gustaría compartir con nosotros?

Hay tantos recuerdos, desde las épocas de exámenes encerrados en la biblioteca y alimentándonos a base de napolitanas de la cafetería, las clases de Rogelio Fernández en las que construíamos catedrales, hasta las duras lecciones de Miguel Ayerbe sobre organización de empresas que consiguieron hacer que estudiara al día (por primera vez en mi vida).