Alfonso Benito

Dr. M. y Lic. Humanidades: Empresa Prom. 16, 01, 00

… cómo han evolucionado la Responsabilidad Social y los Valores. A nivel académico y de investigación, siento que seguimos dando vueltas a las mismas preguntas o muy similares. Y a veces siento que pasa lo mismo en muchas otras áreas de conocimiento, y que las universidades corren el peligro de dejar de hacer verdaderas contribuciones a la generación de conocimiento y al debate de ideas.

Has nacido, crecido y te has formado académicamente en Donostia. En 2009 te trasladas a Monterrey, Nuevo León, México, donde desde entonces desarrollas una extensa e intensa actividad académico profesional. ¿Qué diferencias, si las hubiera, destacarías entre las posibilidades y oportunidades para este desarrollo en México y en Euskadi? ¿Qué ha supuesto para ti?

La verdad que, para mí, México ha sido una tierra de oportunidades, profesionalmente hablando. Creo que he encontrado un desarrollo que quizá en España no habría tenido. Por un lado, en mi experiencia, se valora positivamente al que viene de fuera. Y en el ámbito universitario, siento que todavía es más valorado. Por lo tanto, en ese sentido mi origen y formación me dio una ventaja competitiva, que en España no tenía.

Otro elemento a destacar, que no creo que es exclusivo de México, es el hecho de que la formación académica se valora mucho para poder tener oportunidades de desarrollo profesional. Aunque siempre hasta un tope, ya que la movilidad entre los distintos niveles sociales es complicada.

Y ahí observo un tercer elemento que puede ayudar, o no, al desarrollo profesional y social, que son las relaciones que tengas. El generar un buen networking es otro elemento que puede impulsar el desarrollo profesional de una persona.

Y, por último, una de las cosas que me llamó la atención al inicio de vivir en México, era cómo muchas personas tienen, de manera más formal o informalmente, sus pequeños negocios que compaginan con su trabajo. Los mexicanos suelen decir que a ellos las crisis que hemos vivido a nivel mundial no les preocupan, porque como México siempre o casi siempre está en crisis, están acostumbrados. Dentro de ese estar acostumbrados, está una capacidad de resiliencia, y de salir adelante, que se ve en esos emprendimientos.

Tu tesis doctoral versó sobre la Responsabilidad Social Empresarial y los Valores. Según tu opinión, ¿cuál ha sido la evolución de estos dos ámbitos en los últimos años? ¿Se puede ser optimista al respecto?

Creo que optimista hay que ser siempre. El otro día escuchaba un fragmento de una entrevista que le hacían a Elsa Punset, donde comentaba cómo vivimos en el mejor momento de la historia, a nivel global, y creo que está en lo cierto. Evidentemente seguimos teniendo muchas áreas de oportunidad como humanidad y ahí están los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que buscan cómo enfrentar muchos de esos retos. Aunque con la pandemia que estamos viviendo se están viendo afectados en negativo.

Eso va unido a la pregunta sobre cómo han evolucionado la Responsabilidad Social y los Valores. A nivel académico y de investigación, siento que seguimos dando vueltas a las mismas preguntas o muy similares. Y a veces siento que pasa lo mismo en muchas otras áreas de conocimiento, y que las universidades corren el peligro de dejar de hacer verdaderas contribuciones a la generación de conocimiento y al debate de ideas.

Mientras siento que pasa eso a nivel teórico, creo que, a nivel práctico, las empresas se van implicando más en el actuar responsable. Otro tema es cuáles son sus motivaciones. Y precisamente los ODS han logrado introducir en las agendas empresariales la preocupación por las cuestiones sociales y ambientales, entre otros elementos (el desarrollo de las TIC que han empoderado a distintos grupos de interés, cambios de valores generacionales, etc.).

Y en cuanto a los valores, creo que a veces son elementos más ornamentales para las empresas, lo que hace que no se den cuenta de la importancia que tiene el identificar cuál es su cultura empresarial y cómo lograr su desarrollo organizacional desde la transformación cultural.

Al hilo de la pregunta anterior, ¿cuáles serían las principales medidas a adoptar por parte del empresariado para la asunción e implantación de ambos en el entorno empresarial, habida cuenta, además, de la situación actual generada por la COVID-19?

Lo primero que hace falta es convicción, estar convencidos de que el cambio merece la pena, y que la responsabilidad social es algo consustancial a cualquier toma de decisiones y, por tanto, las decisiones empresariales no se escapan de esa responsabilidad.

Y lo mismo con la cultura empresarial. Se debe estar convencido de que cualquier cambio duradero que queramos hacer en la empresa debe estar alineado con nuestros valores y cultura. Partiendo de esa convicción, lo siguiente que hay que realizar es un buen diagnóstico que permita identificar y describir qué cultura organizacional se vive y a través de qué valores. Y de ahí, ver si esos valores y esa cultura siguen siendo válidos para el futuro próximo de la organización y las metas estratégicas que se haya propuesto.

Y en cuanto a la responsabilidad social, lo primero a resaltar es que no solo se trata de filantropía u obras sociales. La responsabilidad social abarca todo actuar de la empresa, por lo tanto, tiene que ver con cómo tratamos a las personas que trabajan en la empresa, qué tan éticos son nuestros procesos productivos o cómo prestamos atención a los distintos grupos de interés de la empresa, entre otros. Considero que, en estos tiempos, la responsabilidad social debe enfocarse en: la supervivencia del negocio (siempre de una manera ética y legal), la protección de las personas que trabajan en la empresa y la contribución a la recuperación económica de las comunidades en las que se encuentre una empresa.

¿Qué aconsejarías a las y los Alumni de la Universidad de Deusto a la hora de plantearse un posible salto internacional para el desarrollo de sus carreras profesionales?

La verdad, hace 11 años cuando me mudé, fue porque tenía una relación con quien ahora es mi esposa, que es mexicana. Así que mi salto internacional fue más a la aventura y sin mucha planificación. Cuando aterricé en Monterrey lo hice sin trabajo y más bien para probar suerte, en lo personal y en lo profesional.

Dicho esto, si me pongo a pensar en estos años y tengo que aconsejar algo, sería lo siguiente:

  1. Conócete bien, analiza bien, qué te gusta, qué desarrollo de carrera quieres para ti, en qué tipo de industria, cuál es el valor agregado o la ventaja competitiva que puedes tener para lograr el trabajo que quieres.
  2. Llega con humildad, busca aprender y conocer de la cultura, del conocimiento que hay en el país al que vas. No todo va a ser perfecto y quizá verás más o menos áreas de mejora en los trabajos o incluso en el país al que te mudes, pero intenta disfrutar de la experiencia que estás viviendo. Evita las comparaciones, ya que todo y todos tenemos nuestros pros y contras; busca sacar el máximo provecho a todo lo positivo.
  3. Rodéate de personas que te aporten y te impulsen, buscando cultivar relaciones sinceras. Una de las cosas que pueden pesar es la lejanía de las amistades y la familia. Es importante crear una red de relaciones que, tanto a nivel personal como profesional, te den un soporte emocional. Porque estando bien a nivel emocional y personal, vas estar en mejor situación para desarrollarte, también, profesionalmente.

Echando la vista atrás, a tus años en la Universidad de Deusto, dándote las gracias por atendernos, para finalizar ¿qué recuerdos guardas de esos años vividos en sus aulas y te gustaría compartir con nosotros?

Fueron unos años de muchas novedades, nuevos compañeros, nuevos profesores, en una nueva carrera… Fuimos la primera generación de la Lic. en Humanidades: Empresa. Estrenamos también edificios.

Aquí no puedo evitar incluir a Miguel Ayerbe y Arantza Echániz quienes fueron las primeras caras de la universidad que nos daban la bienvenida a esa nueva aventura para todos. Era una apuesta para la universidad, era una apuesta para los profesores de las dos Facultades, la ESTE (ahora Deusto Business School) y de la Facultad de Filosofía y Letras (ahora Facultad de Ciencias Sociales y Humanas), donde en aquellos momentos no todos tenían claro qué clase de profesionales íbamos a salir de ese híbrido.

Son muchos recuerdos, pero todos o casi todos, están ligados a las personas que me crucé en ese tiempo, compañeros, personal de administración y servicios profesores/as y jesuitas. Fueron unos años que me marcaron y formaron, en gran parte, y me hicieron convertirme en la persona que soy y en la manera de entender la universidad y la formación universitaria. A través del ejemplo de dichas personas, como: el compromiso de la mayoría de los docentes con nuestra formación, no solo académica si no también humana; la vocación de servicio de los bedeles, recepción, del personal del centro de fotocopias, secretarias, personal de administración, limpieza, cafetería, etc. No quiero poner nombres, porque serían muchos y no quiero que alguien se pueda “ofender” si me dejara alguno fuera.

También recuerdos asociados al entonces Vicerrector, el P. Aranzadi sj., quien seguro tuvo sus luces y sombras, pero del que pude aprender mucho. Fue él quién impulsó nuestra carrera (Humanidades: Empresa) y, a la vez, varias de las obras que sufrimos esos años. Cuando empecé la carrera creo que tenía pocos años de construcción el búnker (oficialmente el edificio P. Errandonea) y acaban de comenzar las obras del Edif. Arrupe. Nos tocó ver un campus en construcción, buscando innovar y adaptarse a los cambios que la universidad y la sociedad estaban viviendo esos años. Lo que lleva a no tener miedo a los cambios, a buscar como estar en constante transformación y con las antenas alertas de lo que ocurre en el entorno para ver cómo adaptarte lo mejor posible. También deja la enseñanza de como la universidad debe contribuir a tener una mejor sociedad, una sociedad más humana. También unido al compromiso político y social, de las personas que forman parte de la institución. En esos años, el terrorismo estaba en una de sus etapas más álgidas y recuerdo la presencia silenciosa, expresando su rechazo a la violencia, de alumnos, profesores y personal en la explanada del Campus.

Aparte de eso, anécdotas varias, como cuando al carpintero del campus se le ocurrió soltar un gallo, una gallina y sus polluelos por el jardín junto al campanario. La cafetería, con la carismática Gloria atendiendo. Las obras continuas, del Edif. Arrupe, la cafetería que tuvo 1 o 2 remodelaciones en 4 años. O las votaciones de alumnos para decidir si hacer o no huelga por los sorteos para el servicio militar, cuando la mili aún existía. Y, por supuesto, cuando conocí a quien es mi esposa, ya que nos conocimos en la torre de la actual biblioteca, donde ambos estábamos haciendo nuestros respectivos doctorados.

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