Javier Elzo Imaz

Dr. Sociología Prom. 86

… Crear clústeres de personas que trabajen con realismo e inteligencia en expandir, sea en el poder, sea en la base, el ideal de la fraternidad universal como base ética para un mundo más justo y más humano…

Nos alegramos de que hayas superado con éxito la enfermedad. Un consumado investigador y analista no echa nada en saco roto… ¿Cuáles han sido tus principales reflexiones durante esta travesía por el desierto?

Tras dar positivo en la prueba de PCR ingresé y me aislaron en el hospital. Viendo la cara de mi médico, tras análisis y su diagnóstico de que había que “verlas venir”, me entró algo más que una gran preocupación.

No sé cómo, un amigo jesuita, Ignacio Arregui, que lleva la WEB LoiolaXXI, se enteró de mi situación y le envié unas líneas. Publicó esta nota en su WEB el 25 de marzo, bajo este titular:

El sociólogo Javier Elzo ante la posibilidad, que esperamos remota, de la muerte

Puedo escribir poco. Me canso.
Yo no creo en un “Deus ex machina” que me librará del coronavirus. ¿Por qué a mí y no a tantos que ya han sucumbido? Pero cuando hace 4 días me dijeron que mi futuro no estaba seguro, por primera vez en mi vida, como un shock, vi que la muerte no era un concepto, una realidad que nos llegará un día. No. Vi a la muerte en el segundo recodo de mi vida. Una muerte próxima.

Me sirvió de gran alivio y serenidad dejarme, abandonarme, en el misterio del Dios que nos ha creado por amor. En el Dios que nos revela Jesús de Nazaret cuando trata de Abba a su Padre, y, en la cruz, muestra su doble condición de hombre (que pase de mi este cáliz) y su filiación divina (hágase su voluntad y no la mía).

Por eso mi oración frecuente es esta: “en tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu, mi cuerpo y mi vida”.

Lo más duro es no poder abrazar a los míos, en particular mis nietas y mi nieto.
Un abrazo, querido Ignacio.

Javier.

En mi aislamiento hospitalario, además de lo arriba mentado, dos sentimientos me dominaron: el de la fragilidad y el de la fraternidad humana. La fragilidad de constatar que un incidente en la naturaleza (una infección de un humano por un animal) puede poner el planeta patas arriba y, a mí, llevarme a la puerta de la eternidad. Es una lección de humildad para el género humano y, para mí, una lección vital: estoy de paso. Pero también viví la fraternidad, la cercanía y el cariño de tantos, a través del móvil: las conversaciones con mi mujer, mis hijos y muchos amigos que me llamaron, escribieron, me enviaron fragmentos musicales, videos de lugares que saben me gusta, comentarios jocosos, etc., etc., que lograron que mi aislamiento fuera solamente físico pues, en todo momento, sentí el calor de muchos.

Hace poco más de un año, en enero de 2019, recomendabas encarecidamente la lectura de la obra de Hans Rosling Factfulness. A la vista de los últimos acontecimientos mundiales, ¿cómo consideras que hayan podido afectar al presente y futuro de la humanidad?

Vivimos la era de la incertidumbre. No sabemos ni cómo terminará la pandemia. Ni por qué mata. Si habrá o no rebrote, etc., etc. Pero me atrevo a avanzar algunas certezas.

Mientras dure la pandemia, morirán centenares de miles de personas en el planeta. Así y todo, menos, muchos menos, que en las guerras. A corto y medio plazo, habrá un gran aumento de la pobreza y de las desigualdades sociales. Si bien en regiones ricas como Euskadi, y gran parte de Europa occidental, el virus ha matado personas de toda condición social, las consecuencias económicas del parón afectarán en mayor medida a los más vulnerables. Pienso en los “sin papeles” que, al quedarse sin trabajo, no tienen qué llevarse a la boca. A largo plazo, si no se contiene pronto la pandemia, la situación en África, el Sur de América y los pobres de EE. UU será terrorífica. Para mí la pobreza es tan o más importante que la salud.

Podríamos decir que la reacción de la población durante los dos últimos meses, salvo contadas excepciones – aunque algunas escandalosas – ha sido ejemplar. Con la denominada desescalada parecería que hay una cierta relajación… Como sociedad, ¿cuál consideras que debería ser la actitud de la ciudadanía de ahora en adelante? ¿Crees que realmente hemos aprendido algo de esta experiencia?

Lo que hayamos aprendido se verá muy pronto. Ya hay muchos estudios y artículos de opinión que nos dicen que no podemos vivir como antes. Que no podremos, incluso, según otros. Que necesitamos bajar el ritmo del consumo. Que debemos consumir menos y consumir local. Pero, por otro lado, leemos que hay que fomentar el consumo. Sin consumo no hay producción. Sin producción no hay trabajo, y sin trabajo el paro se expande y cronifica. Luego tenemos una asignatura pendiente: la del consumo responsable, que exige una producción responsable. Estamos muy, muy lejos de esos objetivos.

Por otro lado, debiéramos aprender del hecho constatado de que no hay tecnología que, ni pare, ni ataje, un incidente de la naturaleza como el COVID-19. Luego debemos bajar del pedestal a la tecnología, todo lo que está en torno al movimiento transhumanista cuando pretende que la “maquina” (robot, IA, ciborg, etc.,) substituya al humano. Lo dice alto, sin reparo alguno: “transhumanista”, lo que viene tras el humanismo.

Una nueva movilidad se impone. Pero que no relegue a los mayores (que ya no pueden andar en bici), y que haga pensar a la gente que, por ejemplo, en Euskadi, es un sin sentido, sin cordura alguna, irse a las playas de Cancún a pasar una semana.

Todo lo anterior exige respuestas de sentido, de cuál es el sentido y el objetivo de nuestras vidas. Qué valores, tanto finalistas como instrumentales, propugnamos. La tecnología es necesaria, los valores imprescindibles.

Además del COVID-19, fenómeno que ha conseguido paralizar el planeta, las sempiternas guerras en África y Medio Oriente, otros conflictos menores, las personas desplazadas, los movimientos migratorios, los campos de refugiados, las hambrunas… no solo no se han detenido, sino que se han visto agravados por la pandemia. Y habrá que ver el después… ¿Seguirá siendo el sálvese quien pueda la máxima que continúe rigiendo los pasos de los países más poderosos y de su ciudadanía? ¿Podríamos hacer algo desde el lugar donde cada uno, cada una, estamos?

Sí podemos: dos cosas, de entrada.

Crear clústeres de personas que trabajen con realismo e inteligencia en expandir, sea en el poder, sea en la base, el ideal de la fraternidad universal como base ética para un mundo más justo y más humano.

Por otra parte, detener la pérdida de la libertad en el mundo actual. Así, el nivel de control que ya ejercen los GAFAM de lo que hacemos, a dónde vamos, qué compramos, con quiénes nos vemos. Me pregunto, también, si los rastreadores de la pandemia merced a la IA, han venido para quedarse, instalando, unos y otros, el Gran Hermano de Orwell. Pero, más grave aún, la mayor parte de la población ha asumido y aceptado toda perdida de libertad en nombre de la sacrosanta seguridad. El COVID-19 va a acentuar esta demanda de seguridad, de repliegue en la mismidad y de temor al “otro”, al diferente.

En este contexto, ¿qué aconsejarías a las y los Alumni de la Universidad de Deusto que quieran orientar su carrera profesional hacia la investigación y la divulgación científica?

Yo creo que el mundo irá a mejor, como mejor es el de hoy al de hace cincuenta o cien años. Junto a un estado fuerte (y yo defiendo y propugno una Unión Europea unida, fuerte, y que ayude a los más desfavorecidos), necesitamos una sociedad civil también fuerte, y alerta ante una publificación excesiva de la vida que todo haga depender del Estado providencia, pretendidamente soberano. Hay que acabar con la idea de soberanía territorial e implantar la subsidiariedad en base a la ética de la fraternidad universal, como señalo arriba.

Invito a los Alumni de Deusto, ya desde ahora, a fomentar los mentados clústeres de estudio y difusión de estas y similares ideas, mediante encuentros presenciales y virtuales. Las redes sociales también sirven para eso. Es fundamental. Solo el bien construye.

Para terminar, además de darte las gracias por tus reflexiones y por dedicarnos tu tiempo, ¿qué recuerdos te gustaría compartir con nosotros de tus años como estudiante en Deusto?

Yo fui estudiante en Lovaina. En Deusto solamente profesor e investigador, aunque durante 30 felices años.

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